SIERRA DE LA DEMANDA
Las minas de Puras de Villafranca (Burgos): del ferrocarril y el Titanic a las guerras mundiales
El manganeso de esta explotación viajó hasta la industria británica y adquirió un valor estratégico decisivo con la expansión del acero para la construcción de grandes buques

Imagen de archivo de las minas de Puras de Villafranca (Burgos).
En las entrañas de la Sierra de la Demanda se extrajo durante décadas un mineral ligado a algunos de los grandes avances industriales de los siglos XIX y XX. El manganeso permitió fabricar aceros más resistentes, impulsó el ferrocarril y la construcción de grandes buques y se convirtió en un recurso estratégico cuando Europa entró en guerra. Y en esa historia, que conduce hasta los astilleros británicos y los campos de batalla de las dos guerras mundiales, entra una pequeña localidad burgalesa: Puras de Villafranca.
Luis Jorge del Barco, impulsor de la recuperación turística de sus minas durante su etapa como alcalde de Belorado, sitúa una de sus primeras referencias en 1799, cuando una publicación sobre explotaciones europeas de manganeso cita dos enclaves españoles, uno de ellos Puras.
En 1844, Burgos figuraba ya como la principal provincia productora de manganeso de España. La fortaleza de Puras estaba en la calidad: aunque su extracción resultaba costosa en comparación con las grandes explotaciones a cielo abierto, “lo que les salvaba en su producción era la ley que tenía”, explica Del Barco, que sitúa su pureza entre el 25 y el 30%. La explotación pasó por diferentes manos y entre sus concesionarios estuvo incluso el promotor del ferrocarril minero, cuya construcción abrió la trinchera que atravesó las cuevas de Atapuerca.
Para entender el valor de este mineral, hay que remontarse a mediados del siglo XIX, cuando Robert Forester Mushet comprobó que la incorporación de manganeso permitía obtener un acero más resistente y menos frágil. En 1857 fabricó raíles duraderos de acero en sustitución de los de hierro fundido, un salto que abrió la puerta a la expansión ferroviaria y a construcciones industriales de dimensiones hasta entonces impensables. “Ahí es donde empieza realmente el manganeso a ser lo que es”, resume Del Barco.
Del manganeso español al Titanic
Una de las historias que acompaña a Puras de Villafranca es su posible vinculación con el Titanic. Pero hay que colocarla en sus justos términos: no existe una prueba documental que permita afirmar que el trasatlántico llevara específicamente manganeso extraído en estas minas.
Sí existe un contexto que hace posible esa conexión. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, entre el 70 y el 80 por ciento del manganeso extraído en España se destinaba al Reino Unido, entonces potencia siderúrgica y naval. La construcción de la clase Olympic se acordó en 1907 y el Titanic comenzó a levantarse en Belfast en 1909, en plena etapa de fuertes exportaciones españolas. Puras participaba en esa producción nacional, aunque Huelva ya la había desplazado como principal centro productor por sus mayores volúmenes y menores costes de extracción.
“No es mentira porque las producciones y las exportaciones avalan que hay manganeso nacional en Inglaterra, pero no solo fue Puras”, advierte Del Barco. La huella burgalesa en el Titanic resulta así plausible, pero no demostrable: lo que sí está acreditado es que el manganeso español llegó masivamente a la industria británica en los mismos años en los que sus astilleros construían aquellos gigantes del océano. Un mineral que no constituía una pieza concreta del barco, sino que intervenía en la fabricación de los aceros de alta resistencia que hicieron posibles buques de dimensiones hasta entonces extraordinarias.
De los transatlánticos a las trincheras
Dos años después del hundimiento del Titanic, la Primera Guerra Mundial multiplicó el valor del manganeso. Los países beligerantes necesitaban acero para fabricar armas, municiones y equipos militares y el mineral carecía de sustituto. Puras mantuvo actividad durante aquellos años y los registros recogen la apertura de Mina Purísima en 1916 y La Verdad en 1917, ambas en pleno conflicto.
Pero la guerra provocó una paradoja. España había exportado 27.793 toneladas de manganeso en 1913 y la cifra cayó a 8.966 en 1914 y 8.851 en 1916 antes de recuperarse al final de la contienda. “Cuando más manganeso se necesitaba, más dificultades había para su reparto”, explica Del Barco, que señala cómo los ataques contra las rutas comerciales complicaban el suministro de un material cada vez más necesario.
Una antigua crónica sobre los Montes de Villafranca recoge además que ingenieros ingleses llegaron a Puras y exportaron “varios miles de toneladas de manganeso”. Su autor asegura haber oído también que la pirolusita extraída allí se utilizó para fabricar productos empleados en gases asfixiantes durante la Gran Guerra. Un testimonio indirecto, no una prueba documental, que muestra hasta qué punto el manganeso quedó asociado a las necesidades bélicas.
Años más tarde, la Segunda Guerra Mundial volvió a elevar la importancia estratégica del mineral, porque el acero resultaba imprescindible para tanques, aviones, vehículos, armas y municiones, y el manganeso había comenzado además a utilizarse en baterías. Puras registró nuevas concesiones en aquel periodo: Mina Pura en 1938, Segunda Felicidad en 1941 y Sevilla y Josefa en 1942. La explotación continuó después hasta 1965, cuando cerró definitivamente con Pilas Cegasa. La calidad del manganeso burgalés seguía ahí, pero también su principal problema: resultaba demasiado caro extraerlo frente a otros grandes yacimientos.
Un tesoro bajo la montaña
Cuarenta años después, en 2005, Del Barco y la corporación de Belorado comenzaron a recuperar las minas con una finalidad muy diferente. La intención inicial era acondicionar las bocaminas, pero el proyecto creció a medida que descubrieron el patrimonio que permanecía oculto y todo su potencial.
Hoy el conjunto está declarado Bien de Interés Cultural y permite recorrer galerías y filones reales. Los estudios realizados para su recuperación lo sitúan además como el único conjunto minero de manganeso abierto al turismo en España, una singularidad que Del Barco lleva años defendiendo.
Y todavía queda mina por descubrir. Las galerías inferiores, de mayor altura, permanecen fuera del recorrido turístico. “Lo mejor de la mina está por ver”, sostiene Del Barco, convencido de que una nueva puesta en valor permitiría reforzar un espacio único. Porque bajo aquella montaña no permanece únicamente la huella de quienes arrancaron manganeso durante generaciones. También sobrevive una pequeña pieza burgalesa de una historia mucho mayor: la de un mineral que ayudó a transformar el hierro en acero y quedó ligado a los grandes símbolos industriales y a los conflictos mundiales del siglo.

Minas de Puras de Villafranca (Burgos)
Minas de Puras de Villafranca (Burgos)

Imagen de archivo de las minas de Puras de Villafranca (Burgos)