ANIMALES

Cuidar de los gatos que no eligieron vivir en la calle

Con una pequeña red de voluntarios, la Asociación Felinos de Pinares gestiona cerca de una veintena de colonias felinas en Quintanar de la Sierra, con más de un centenar de esterilizaciones y 129 adopciones desde sus comienzos

Cuidados de las colonias de gatos por la Asociación Felinos de Pinares.ICAL

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Diario de Castilla y León | El Mundo
Valladolid

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Hay gatos que tienen un hogar y gatos que han hecho de la calle la única casa que conocen. En la localidad burgalesa de Quintanar de la Sierra, detrás de muchos de estos últimos hay una red de entre diez y doce personas que, durante todo el año, se ocupa de atenderlos, alimentarlos, vigilar su estado y buscar una familia para aquellos que todavía pueden abandonar definitivamente la calle. Son los voluntarios de la Asociación Felinos de Pinares, nacida precisamente para que la convivencia con las colonias felinas de la Sierra de la Demanda deje de depender de la improvisación y avance hacia una gestión adecuada de estos animales. Una reivindicación que más de 350 entidades llevarán a las calles el próximo 6 de septiembre con movilizaciones en distintos puntos de España para reclamar a los ayuntamientos el cumplimiento de la Ley 7/2023 bajo el lema ‘Los gatos tienen ley’, informa Ical.

La asociación surgió de la iniciativa de cuatro vecinas que trasladaron al Ayuntamiento de Quintanar de la Sierra la necesidad de implantar el método CER (Captura, Esterilización y Retorno) para controlar las colonias del municipio. El Consistorio planteó entonces la conveniencia de contar con una entidad que colaborase en la gestión y seguimiento del proyecto y aquel pequeño grupo terminó constituyéndose como asociación. Pronto descubrieron, sin embargo, que esterilizar era solo una parte del trabajo.

“La necesidad que detectamos era muy amplia”, explica a Ical Yolanda, miembro de la Asociación Felinos de Pinares, porque al control de la reproducción de los animales se sumaba su alimentación, los cuidados veterinarios, la necesidad de refugios, los rescates y, siempre que resulta posible, las adopciones. Actualmente existen 13 colonias en el casco urbano de Quintanar y otras cuatro o cinco en su periferia. Cuatro ya están controladas y otras se encuentran cerca de alcanzar el porcentaje de esterilización necesario para considerarlas estabilizadas.

Desde sus comienzos, Felinos de Pinares ha realizado aproximadamente 105 esterilizaciones y gestionado 129 adopciones. Son cifras importantes para una asociación que cuenta con una red de entre diez y doce personas. De ellas, entre tres y cuatro trabajan de forma activa durante todo el año en el desarrollo del CER, mientras que el resto ejerce como alimentadoras de las distintas colonias, aunque no están identificadas oficialmente como tales por el Ayuntamiento. Durante el verano se suman además jóvenes que regresan al pueblo y colaboran. La experiencia de la asociación también ha servido para asesorar a otros municipios interesados en implantar el método, como Navaleno, donde se ha comenzado a desarrollar un proyecto similar, y San Leonardo de Yagüe, que ya lo tiene aprobado, aunque carece de voluntarios para ponerlo en marcha.

Más allá de la esterilización

El CER parte de un procedimiento aparentemente sencillo. Los animales se capturan mediante jaulas-trampa, se trasladan al quirófano para ser esterilizados, permanecen al menos una noche en observación y, cuando su recuperación es adecuada, regresan a la colonia de origen. Pero estabilizarla puede requerir meses e incluso un año.

Hay que conocer a sus integrantes, controlar nuevas incorporaciones y conseguir capturar a los últimos ejemplares, normalmente los más desconfiados. Y cuando se alcanza el objetivo, tampoco acaba el trabajo. Las alimentadoras continúan observando diariamente a los gatos y comunican la aparición de nuevos animales para evitar que una colonia controlada vuelva a crecer.

Quintanar dispone para ello de un local cedido por el Ayuntamiento y de la colaboración altruista de un veterinario, a la que durante el verano se han sumado profesionales del gremio recién graduados y auxiliares. Son recursos especialmente valiosos en un entorno rural donde las distancias, la escasez de servicios veterinarios, la falta de instalaciones y la ausencia de suficientes casas de acogida complican cada rescate.

Los recursos económicos constituyen otra de las grandes dificultades. Cada persona alimentadora asume en buena medida de su bolsillo la comida de su colonia y también afronta gastos veterinarios cuando resulta necesario. Según explica la asociación, al Ayuntamiento de Quintanar únicamente se le concedió una subvención de 2.000 euros tanto en 2025 como en 2026. “Los recursos y ayudas públicas no son suficientes”, lamentan.

Para sufragar parte de los gastos, la entidad cuenta con unos 25 socios que aportan una cuota anual de 12 euros, además de realizar recogidas voluntarias de alimentos en establecimientos y mantener un grupo en Teaming, donde se puede colaborar con un euro al mes. También utilizan Facebook e Instagram para difundir su actividad y buscar apoyos que permitan sostener tanto la gestión de las colonias como el desarrollo del CER.

Entre la ley y la realidad de los pueblos

La Ley 7/2023 atribuye a los ayuntamientos la gestión de los gatos comunitarios, pero Felinos de Pinares considera que su aplicación todavía tiene “mucho camino por recorrer”, especialmente en los municipios pequeños. Por eso, reclama más recursos económicos y materiales, protocolos, medios veterinarios y una mayor implicación de las administraciones para que la responsabilidad no termine descansando casi exclusivamente sobre asociaciones y voluntarios.

A ello se añade una tarea menos visible pero imprescindible: concienciar a la sociedad. Todavía existe desconocimiento e incluso rechazo hacia las colonias y las personas que las cuidan. Dejar de alimentar a los animales, advierten, no hace desaparecer una colonia. Sin esterilización y seguimiento, la reproducción continúa y el problema puede crecer.

También existe una realidad que muchas veces permanece fuera de la vista. Los gatos comunitarios que viven en la calle no son animales que hayan elegido hacerlo, sino animales domésticos que han tenido que aprender a sobrevivir y adaptarse a ese entorno. En ese camino se enfrentan a atropellos, enfermedades, ataques de perros o animales salvajes, envenenamientos, actos de crueldad y maltrato, pero también al frío, el hambre o el miedo, entre otros peligros que pueden acabar con su vida.

“Ellos no eligieron vivir en la calle”, recuerda Yolanda. Para la asociación, concienciar también significa proteger y entender que una convivencia responsable beneficia a los animales, a los vecinos y al propio entorno. Una labor que Felinos de Pinares resume en tres palabras: “responsabilidad, convivencia y empatía”.

Como pequeño apunte para acercarse a esa realidad desde otra mirada, la asociación recomienda la serie de Netflix ‘Gatos callejeros’, de Ricky Gervais, como una forma de conocer y concienciarse sobre aquello a lo que se enfrentan estos animales cuando viven en la calle.

Una madre, su cachorra y un viaje hasta Suiza

Entre tantas cifras hay historias que explican mejor el trabajo de la asociación. Una de las que Yolanda recuerda especialmente comenzó con una gata extremadamente delgada y sin dientes. Junto a ella estaba su única cría, de apenas cuatro días, con parte de una pata y la cola prácticamente gangrenadas.

Felinos de Pinares se hizo cargo de ambas y comenzó un largo proceso de recuperación. Finalmente, apareció una familia dispuesta a adoptarlas juntas. Pero estaba en Suiza. Después de todo el esfuerzo para salvarlas, la asociación consiguió llevar hasta allí a madre e hija para que comenzaran una nueva vida y actualmente esa penuria vivida solo es un mal recuerdo.

No todos pueden hacerlo. Los cachorros, sobre todo hasta los tres meses, encuentran adoptantes con mayor facilidad, mientras que para los adultos el camino resulta mucho más complicado, incluso cuando son sociables y pueden adaptarse perfectamente a un hogar. La asociación insiste en que conocer previamente el carácter de un gato adulto permite incluso encontrar una familia adecuada a sus necesidades. Pero mientras haya animales para los que esa puerta no se abra, el objetivo es más modesto pero imprescindible: que las colonias estén esterilizadas, alimentadas, atendidas y vigiladas. Y que hacerlo no dependa siempre de las mismas pocas personas.

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“Nos gustaría que las administraciones y la sociedad entendieran que esta labor no puede recaer únicamente sobre unas pocas personas voluntarias”, resume Yolanda. Por ello, Felinos de Pinares pide más recursos, colaboración y concienciación, pero también algo mucho más sencillo: más manos. Porque detrás de cada colonia controlada hay meses de capturas, cuidados y vigilancia; y detrás de cada adopción, la posibilidad de que uno de esos gatos que nunca eligió la calle pueda, finalmente, dejarla atrás.