Diario de Castilla y León

NACIDO EN EL PEQUEÑO PUEBLO DE BURGOS DE RABÉ DE LAS CALZADAS

El presidente burgalés del Real Madrid fusilado y olvidado por el club

La biznieta del militar Antonio Ortega quiere recuperar los restos del militar republicano, que yace en una fosa de Alicante

El club blanco omite en su web que fue su presidente en 1937 y 1938

Cuadrícula bajo la que se encuentra el militar burgalés Antonio Ortega, en la fosa 9 del cementerio de Alicante.

Cuadrícula bajo la que se encuentra el militar burgalés Antonio Ortega, en la fosa 9 del cementerio de Alicante.DRAKKAR CONSULTORES / WIKIPEDIA

Publicado por
Valladolid

Creado:

Actualizado:

En la página web del Real Madrid hay un vacío que pasa desapercibido para la mayoría de la afición. Un agujero temporal que se extiende exactamente dos años. Aparece sin presidente en 1937 y 1938, entre las etapas de Rafael Sánchez-Guerra y Adolfo Meléndez, pese a que en ese periodo el máximo cargo lo ocupó el militar burgalés Antonio Ortega.

El club blanco olvida –parece que intencionadamente, puesto que se han escrito multitud de artículos sobre él– a quien fuera su máximo mandatario durante la Guerra Civil, cuando se llamaba Madrid Foot-Ball Club.

Antonio Ortega Gutiérrez (Burgos, 1888 - Alicante, 1939) murió fusilado el 15 de julio del 39, después de que le detuvieran en Alicante, el último bastión de la República, al tratar de huir al norte de África, toda vez que el bando nacional ganaba terreno y la contienda.

Natural del pequeño pueblo burgalés de Rabé de las Calzadas, la familia de Antonio Ortega lleva décadas persiguiendo que ese olvido en el ámbito deportivo no se extienda a toda la sociedad y poder recuperar sus restos mortales.

Quieren que Antonio abandone una fosa común de Alicante para descansar en México, «con los restos de su mujer, donde ella consiguió exiliarse con dos de sus cuatro hijos», según explica el arqueólogo Jorge García, director gerente de Drakkar Consultores, empresa encargada del proyecto de intervención en la fosa número 9 del cementerio alicantino.

Una biznieta, Gabriela Echeverría, espera que llegue ese gran día tan soñado por los Ortega. Antes fueron los hijos del militar antifascista y fiel a la República quienes aguardaron sin éxito recuperar sus restos. Fallecieron con el desconsuelo de saberle fusilado y arrojado a hoyo número 9 de la parcela 19 del camposanto de Alicante.

«Es la única gran fosa de este cementerio que queda por exhumar», explica Jorge García. Y en esa ardua tarea se encuentran, en tratar de dar digna sepultura a quienes yacen en ese recóndito espacio tras haber sido asesinados por el régimen franquista. En concreto, a 51 represaliados más.

«Creemos que en esa fosa hay enterrados 52 fusilados, entre ellos Antonio Ortega», cuenta José Ramón García, profesor del departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Alicante (UA), que participa en el proyecto de intervención arqueológica de «la última gran fosa» del lugar, con la intención de terminar exhumando a las 52 personas que yacen allí y proceden de varios puntos del país. «Colaboro por mi condición de historiador y poseo documentación de lo que pasó en Alicante en esos años», precisa.

«Necesitábamos saber quién está ahí y por qué. De algunos hay apenas tres datos y es dificilísimo rastrear sus orígenes y de otros, como Antonio Ortega, hay muchísimo porque fue un militar relevante», indica el profesor de Historia.

Tras una ardua labor de documentación, en la que incluyen datos aportados por la propia familia del militar burgalés, han hecho una composición de lo que pudo sucederle: «Este señor seguramente intentó huir de España en barco por Alicante al norte de África y lo detuvieron antes», señala el profesor. «Desde nuestra perspectiva, y sin poderlo afirmar con rotundidad, creemos que él estaba intentando salir del país. Las tropas italianas [la División Littorio de Mussolini] van empujando y la gente va huyendo. De Alicante salen los últimos barcos. Lo identificarían como alto cargo militar y de ahí, directo a prisión y a un consejo de guerra», agrega.

Jorge García subraya que «al final, Alicante fue el último baluarte de la República». «Perdiendo la guerra, van retirándose para las zonas que controla la República. Carrillo o La Pasionaria salen de un aeródromo cercano días antes de que pillen a Antonio Ortega y otros militares lo hacen en barco. Llega un momento en el que el franquismo bloquea el puerto alicantino y, seguramente, él ya no pudo irse. Le fusilan el 15 de julio 1939, casi tres meses después desde que terminara la guerra. Fue cogido, juzgado y fusilado», apunta el arqueólogo de Drakkar.

«En Alicante termina la guerra y los fusilados mueren bajo consejo de guerra. No son arbitrarios, como ocurría al principio, aunque no tenían ninguna garantía procesal. Son fusilados con papeles y, por eso, en el registro pone ‘fulanito, fusilado’ y la situación dentro del cementerio», apunta José Ramón García.

En uno de esos registros aparece su nombre, el de Antonio Ortega, que fue gobernador civil de Guipúzcoa y también lideró al Batallón de Milicias Vascas Antifascistas en Madrid.

Ortega fue acusado en un consejo de guerra del asesinato de varios militares en San Sebastián y lo fusilaron en verano del 39, pese a que su familia trató de que personas influyentes mediaran para evitarlo. A lo largo de los años, sus familiares han contado que durante el gobierno de la República utilizó su posición y contactos para salvar la vida a más de una persona del bando contrario. Entre ellos se encontraba, por ejemplo, el artífice del himno franquista Cara al sol, según refleja una investigación realizada por Efe.

Pese a que aún no se ha removido la tierra de esa gran tumba sin nombre de Alicante, los investigadores tienen pistas claras de quiénes permanecen allí enterrados por el registro que guarda el camposanto. «En 1939, en el cementerio de Alicante anotaban en qué lugar se enterraba a cada persona. A los fusilados, también», resalta José Ramón García.

Excavación de la fosa XXXVI del cementerio de Alicante.

Excavación de la fosa XXXVI del cementerio de Alicante.Foto cedida por Drakkar Consultores

Una información decisiva para el trabajo de documentación que acarrea este proyecto, que va más allá de la recuperación de restos humanos. «Con esos datos elaboramos una cuadrícula de estas grandes parcelas. Cuando quitamos la primera capa de césped, vimos una cuadrícula en hormigón y pudimos ubicar todas las fosas», señala el docente universitario.

Dada la fama de Ortega, la búsqueda de sus allegados ha resultado más sencillo que en otros casos. «A sus familiares no tuvimos que localizarlos nosotros, ya formaban parte de la Asociación de Familias de Represaliados fusilados por el Franquismo en Alicante y ya lo estaban buscando y reclamaban sus restos».

Tanto, que una de sus hijas aportó una muestra de ADN para que una vez exhumados los cuerpos pudieran confirmar que se trataba de su padre. Sin embargo, pese a los años en los que esperó para que se recuperaran murió sin ver a sus progenitores reunidos. «La familia desea que los restos de Antonio viajen a México para que descanse junto a su mujer», expresa Jorge García.

Los trabajos de exhumación en distintas fosas del cementerio alicantino comenzaron hace años, pero la número 9 ha tenido que esperar porque se encontró con una dificultad añadida provocada por las dispares procedencias de los represaliados del franquismo enterrados en ella.

José Ramón García asegura que hay gente de varias provincias, como Madrid o Cáceres, y explica que «como no hay muchos que pertenecieran a un mismo pueblo ha costado» que alguien encabezara este proyecto, hasta que inició los trámites el Ayuntamiento de Aspe, donde nació una de las personas que se encuentran en este recuadro de tierra.

El consistorio de este municipio alicantino ha recibido fondos para iniciar el proceso. De este modo, se puso en marcha la primera fase, la de elaborar y redactar un proyecto de actuación, localizar la fosa, recopilar la información de los registros cementeriales e indagar en los orígenes de las víctimas arrojadas allí y conocer su historia.

Ahora permanecen a la espera de recibir otra subvención para que en 2026 se puede excavar y recuperar a ‘los 52’. «El proceso consta de cuatro fases. La elaboración del proyecto ya se ha abordado. Después, como segunda etapa, está la exhumación, que esperamos que se produzca a principios del próximo año. El tercer punto sería la comparación de ADN y, por último, la entrega de los restos a las familias que hayamos localizado», explica Jorge García.

Este arqueólogo expone que Drakkar Consultores lleva «trabajando en Alicante desde 2021, exhumando gran parte de las fosas que se reparten en dos grandes cuadros, donde metían a toda la gente que no pagaba, a bebés y también a fusilados de la Guerra Civil». «Hemos abierto ya 10 fosas y encontrado alrededor de 200 personas. Junto con el trabajo de otras empresas, se estima que haya en total más de 500 fusilados y faltarían por exhumar entre 60 y 70», aclara.

«Además de Antonio Ortega, esperamos encontrar ahí a zapateros, hojalateros, campesinos...». No sólo hallarlos, también brindarle a las familias que estén identificadas la oportunidad de «un entierro digno» y de una paz que les fue arrebatada hace ya mucho tiempo.

tracking