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El vídeo viral desde el corazón de un artista de Burgos

Con la honestidad por bandera, Marcos Gallo reivindica el valor del creador independiente en una región donde abrirse camino sigue siendo un acto de resistencia

Marcos Gallo, cantautor burgalés.

Marcos Gallo, cantautor burgalés.ICAL

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Diario de Castilla y León | El Mundo
Valladolid

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Cuando el cantautor burgalés Marco Gallo grabó, casi sin pensarlo, un vídeo frente al móvil diciendo que “nadie es profeta en su tierra”, no imaginaba que ese gesto espontáneo, mitad desahogo y mitad necesidad, iba a convertirse en un pequeño terremoto. No era una queja. Ni siquiera una estrategia de promoción para publicar en Instagram. Era un gesto casi íntimo: el intento de reconectar con su ciudad, con ese público que en algún momento le acompañó pero que, tras un parón de varios años, parecía haber dejado de saber que seguía componiendo.

“El vídeo fue super espontáneo”, admite, entre la abrumación y el orgullo de quien ha conseguido algo viral tras tocar por toda España, abriendo para artistas como Carmen Boza, El Kanka, Mr. Kilombo o Rupatrupa, y girando por ciudades. El vídeo lo grabó “sin expectativas” y resultado fue inesperado. La publicación corrió de perfil en perfil y cientos de personas comenzaron a seguirle, a compartir, a decirle que no lo conocían pero que lo iban a escuchar. “Solo quería que la gente supiera que he vuelto a hacer canciones”.

Ese contraste, crecer fuera, pero querer pertenecer aquí, explica buena parte de su historia: la de un músico que ha encontrado su camino en la independencia y que reivindica el valor de la creación local en una comunidad, Castilla y León, donde abrirse paso es tan difícil como gratificante.

Nacido de la sensibilidad y la inquietud

Para entender su música, primero hay que entenderle a él. Marcos se describe como “una persona sensible”, alguien para quien la creación no es una decisión sino un modo de estar en el mundo. “Cada uno tiene una necesidad diferente de expresarse, y la mía siempre ha sido componer”. Lo hace desde los 12 años, casi como un reflejo natural, y desde entonces no ha parado. Primero, con la banda de rock Long Sleep en Burgos. Luego llegó Segovia y la banda Canteo, y, más tarde, Barcelona, donde sus amigos le animaron a tocar solo.

“Nunca dejé de componer, pero no me planteaba sacar canciones como Marcos Gallo porque venía del rock y ni siquiera sabía que el mundo cantautor era una opción”, recuerda. Entonces comenzaron los concursos, y los premios, los primeros conciertos en solitario y la sensación de que su proyecto podía crecer.

Su experiencia como músico está profundamente marcada por su origen territorial. Haber crecido en Burgos, en una comunidad tan extensa como dispersa como es Castilla y León, con escenas musicales pequeñas, condicionó su desarrollo. “Aquí éramos menos artistas y, por tanto, había menos variedad. Yo la canción de autor en Burgos la desconocía.

”No busca culpables, sino contexto: en aquellas generaciones, la pluralidad musical no era tan accesible. Tampoco existía un circuito estable para la canción de autor como el de Madrid o Barcelona. Pero también reconoce algo importantísimo: eso está cambiando. “Ahora Burgos tiene referentes como La M.O.D.A., El Nido, Fetén Fetén, Rober del Pyro… Que dan esperanza a los artistas noveles”.

Un estilo que se rehace

Con tres publicaciones a su espalda -los EP ‘Ahora’ (2017) y ‘Equilibre’ (2020) y el álbum ‘Borealis’ (2019)-, Gallo huye de las etiquetas. “Me resulta complicadísimo definir mi estilo. Hay folk, hay pop-rock, a veces rapeo, otras veces hago baladas…”. Esa mezcla no es dispersión: es libertad creativa. La independencia de componer sin un molde impuesto, sin corsés estéticos. A lo largo de su carrera ha pasado por etapas de dejarse fluir, otras de perfeccionismo intenso, y ahora vive un equilibrio: “Retoco para que quede bonito, pero sin perder el mensaje”. Ya no busca demostrar capacidades musicales sino honestidad. “Quiero cosas simples pero bien hechas, con cuidado y cariño”.

Cuando habla de conciertos, se le ilumina la voz. Tocar en Sonorama en 2019, el festival al que tantas veces había ido como público, fue un hito. También actuar en las fiestas patronales de Burgos, su ciudad. Pero hay recuerdos que pesan más: “Abrir el concierto de Carmen Boza, colaborar con El Kanka, abrir para Mr. Kilombo o Rupatrupa… esos momentos han sido increíbles”. Y añade algo que marca su filosofía: “Los momentos más memorables han sido entre bambalinas, compartiendo música sin expectativas. Ahí está el disfrute genuino”.

Ser independiente significa libertad creativa, pero también una estructura débil en términos logísticos y de industria. Significa que abrirse paso en festivales nacionales de renombre depende de talento, insistencia y contactos. Significa que tocar en la provincia, en festivales pequeños o en fiestas de pueblo es tan valioso como tocar en grandes escenarios.

Y también significa pedir algo que parece simple pero que no lo es: apoyo. “La mejor manera de ayudar a un artista independiente es ir a los conciertos, pagar una entrada, comprar un vinilo. Hacer sostenible el proyecto”, subraya sin victimismo sino con realidad.

Un nuevo comienzo

Su regreso llega acompañado de un EP, ‘Luces y sombras, con cinco canciones entre las que destaca ’Ojos de tormenta’, junto a la vallisoletana Andrea Garcy, y el sueño de realizar una ‘cara B’ en la que quepan las canciones que le quedan “en el tintero”.

El calendario también es emocionante: Pamplona, Burgos, Valladolid, Madrid, Barcelona, La Rioja… y más fechas en preparación para 2026. “Mi objetivo es tocar en festivales de verano y en pueblos de Burgos. Me encantaría”, afirma.

Al final de la entrevista, Marcos deja una reflexión que resume el espíritu de todo este reportaje. “Quiero que la gente me escuche sin prejuicio por ser un artista burgalés o desconocido. Todos los que ahora lo están ‘petando’ fueron independientes antes, y necesitaron el apoyo de su ciudad”, recuerda. Es, quizá, el eje emocional de su discurso: pedir una oportunidad, no un privilegio. Que la ciudad donde nació, donde creció y donde descubrió la música, lo escuche como él escucha a Burgos: con cariño y sin expectativas.

Porque, aunque el refrán diga que nadie es profeta en su tierra, historias como la suya demuestran que a veces solo hace falta mirar hacia dentro para descubrir al artista que estaba allí desde el principio.

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