Pisos en construcción en ValladolidPHOTOGENIC

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Un ambicioso plan de vivienda es el que ayer anunció en su comparecencia en las Cortes de Castilla y León la vicepresidenta segunda de la Junta, Isabel Blanco. Pero los planes, y más en materia de vivienda, una de las primeras preocupaciones de los ciudadanos, y más en un territorio que aspira a afianzar población y cerrar, en la medida de lo posible, la fuga de la despoblación, son ambiciosos cuando tienen traslado a la realidad. Y además de forma inmediata, aunque progresiva.

La idea de sacar dos mil viviendas al mercado del alquiler, a través de incentivos y garantías, para arrendadores y arrendatarios, es una de las medidas en las que las administraciones pueden influir en la crisis del sector, que redunda y deriva en una crisis social de enorme calado. Lo primero porque amplia la oferta, que es uno de los detonantes que han convertido la demanda casi en un lujo. Pero es que además ese ensanchamiento directo de la oferta también hará mella en los propietarios y tenedores de pisos que no se atreven a sacar sus pisos al mercado del alquiler ante la incertidumbre que les genera la legislación. Sea real o no, la incertidumbre y los miedos están en la conciencia y la mente de los propietarios. Y eso es algo en lo que las políticas tienen que incidir y actuar para garantizar la seguridad jurídica de las propiedades. Porque son propiedades particulares. Y un particular no tiene que verse inmerso ni perjudicado por la inacción de las administraciones para resolver casos de vulnerabilidad. Lo de los okupas puros y duros es harina de otro costal y eso merece acción judicial rápida y eficaz, algo de lo que carece nuestro sistema judicial en todos los órdenes. Es también un aliciente que la Junta siga con el plan de ayudas al alquiler para paliar la situación.

Un plan puesto en marcha el mandato pasado y que ha ido incrementándose anualmente para evitar que ninguno de los solicitantes que cumplen los requisitos se queden fuera. Aspira a llegar a 22.000 hogares. Y eso también es asentamiento de población y lucha contra la despoblación. Esos 47 millones de ayudas al alquiler revierten multiplicados por mucho en la economía real de Castilla y León y en las propias arcas de la administración. Y eso es gestionar con eficacia y visión de la política eficaz y efectiva. De la ideología no vive la gente, más allá de los que aspiran a vivir de la política afincados en las musas y no en el teatro.

El plan es ambicioso. La oposición puede enriquecerlo. Y debe enriquecerlo. La vivienda está en primer orden de preocupación, no sólo en las ciudades, también en las cabeceras de comarcas. Ejemplos claros hay como el de Aguilar de Campoo, con un enorme potencial industrial, con Gullón a la cabeza, y sin parque de viviendas suficiente para acoger trabajadores. Y tiene la obligación de vigilarlo para que empiece a cumplirse de forma progresiva lo antes posible. Esa también es la oposición eficaz, no la que aspirar a parasitar en la bancada de las Cortes, a costa de ideología estéril, que es lo que ha ocurrido hasta ahora.