El ascenso de Lluis en VOX
MONTSERRAT LLUIS
El ascenso de Monserrat Lluis en VOX resulta tan meteórico como poco sorprendente. No es fruto de un flechazo político, de un capricho o de una coyuntura. Es la consecuencia del trabajo, la constancia y el esfuerzo. Lluis, que echó los dientes en política en el primer pacto de VOX con el PP, aquí en Castilla y León, a orillas del que fuera vicepresidente, García Gallardo, escoltará a Abascal en el número dos por Madrid. Toda una declaración de intenciones del jefe de Bambú. Lo de Lluis es trabajar, trabajar y trabajar. Y después, trabajar. De sol a sol y de costa a costa. El trabajo no les es ajeno. En su tiempo en Castilla y León, antes de que Kiko Méndez Monasterio, el hombre de la chistera, la ascendiese a la primera plantilla, a la vista del espectacular rendimiento que dio en poco tiempo en Castilla y León, ya trabajaba más ella que todos los altos cargos de la cuatro carteras de VOX en el gobierno de la Junta. Lleva tiempo en primera línea y se ha ocupado de enhebrar las coaliciones de Andalucía, Extremadura, Aragón, Castilla y León mediante. Alicató el acuerdo directamente con Mañueco y, para evitar disgustos o, al menos, minimizar riesgos, perpetró una coalición minorada en la parte de VOX. Lo que Arrigo Sacchi, el perfeccionador del fútbol moderno que inventó el incomparable Rinus Michels con la Holanda de Cruyff, llamaría el achique de espacios. Pero en este caso en defensa propia. Ahora a los de aquí les han dicho que se estén quietos y que no estropeen nada de aquí al 29-N. Perfil bajo. Del resto se encarga Abascal. Aunque más bajo parece imposible el perfil, si dejamos al margen al de Agricultura, Pino, que es el que se ha echado al lomo el fardo gubernamental. Hasta tal extremo que ya anda sembrando candidatos en Ávila para VOX, al furor de ASAJA, que florecerán alcaldes allá por mayo. Otro que, como Lluis, se desloma a trabajar sin descanso en vez de hacer el canelo en X, y por ahí.