Editorial

La emancipación juvenil, otro síntoma para que la política actúe

Pruebas de la EBAU en el distrito de la Universidad de ValladolidRubén Cacho ICAL

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La emancipación juvenil es otro símbolo inequívoco de los desajustes reales que existen entre los salarios y el precio de la vida. El precio de vivir por tu cuenta, lejos del nido paterno y materno. El precio de lanzarte a un proyecto de vida más allá del núcleo familiar. Es un verdadero desafío. La tasa de emancipación de los jóvenes ha caído en picado hasta niveles de 2007, en los albores de la burbuja inmobiliaria que ocasionó la banca politizada, es decir, las cajas de ahorros, y que ha acarreado las consecuencias de la crisis de vivienda que padecemos en la actualidad. Esa tasa apenas supera 11% de la población entre 16 y 29 años. Y aquí no influye que haya habido muchos nacimientos, porque nuestro saldo vegetativo sigue siendo tremendamente negativo en cada dato del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Y en la piedra angular de este conflicto están los salarios, el precio de la vida, pero esencialmente lo inaccesible de acceder a una vivienda, a no ser que el joven reciba la ayuda directa de sus padres. Pero eso cada vez es menos común, una vez dinamitada la fortaleza de la dominante clase media.

Una sociedad en la que los jóvenes, con estudios o sin ellos pero con empleo, no pueden emprender un proyecto de vida propio, es una sociedad fracasada y fallida. Porque en los jóvenes está el futuro. Y no ven más futuro que vivir anclados al presente de su núcleo familiar original. Y mientras esto ocurre el gobierno central se dedicó a engordar el consejo de ministros con un ministerio decorativo de Vivienda, que ha estado parasitado por una ministra completamente inútil para la actividad política, pero a la que había que reubicar tras darse cuenta Sánchez que no le servía de portavoz. Isabel Rodríguez se llama la inutilidad. Pero la responsabilidad lleva sólo el apellido de Sánchez que revalidó la presidencia en 2023 prometiendo 180.000 viviendas, una cuarta parte de ellas procedentes del gran tenedor que es la Sareb. Ni lo uno ni lo otro. La única actividad de ese ministerio son dos decretos elaborados al fragor de la tragedia de Maricarmen Abascal y que tienen tanto de eficaces como de criminales para seguir agravando la crisis de la vivienda. La crisis de la vivienda no se soluciona con decretos amenazantes. Se soluciona construyendo, construyendo y construyendo para poner casas que ensanchen la oferta y no hagan de la demanda una situación de angustia. Si la política no es capaz de afrontar con urgencia los síntomas que arroja la realidad, la política se hace inútil, inservible e incompetente. Y ese es el mejor caldo de cultivo para que emerjan con brío los extremismos. El bipartidismo necesario sabrá a qué quiere jugar.