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Al señor Mínguez 2, o don Carlos Martínez & Mínguez –el hombre servilleta de Sánchez en Castilla y León–, poco le ha durado la euforia del lunes 12, haciendo en Ponferrada de telonero fáustico. En un mitin de nostalgia otoñal lanzó un pronóstico que –unido al científico de Tezanos del miércoles 14– reventó las urnas del 29–N, pues vino a decirnos que no hace falta votar: «Devolvamos con votos, puños y rosas los insultos de derecha y ultraderecha» porque aquí, señores, «habrá Pedro Sánchez hasta 2030». Qué mala suerte traen los martes y 13. Digo lo de Mínguez 2, porque Mínguez & Remínguez de la Reminguera, desde el martes 13 por la mañana, aquí y ahora sólo hay una: doña Montse Mínguez García, portavoz del PSOE, y diputada en el Congreso de los Diputados, y perdonen la reincidencia.

Resulta que la señora Mínguez –apellido que viene de Mingo, y éste a su vez de Domingo el santo– tiene un novio que ya quisieran muchas y muchos para sí. Envidia cochina, porque no es moco de pavo. Posee el bien dotado –me refiero a bienes que se aportan a un matrimonio o pareja de hecho– dos sociedades en Panamá, no sé cuántas constructoras en España, y con más de 30 pisos con derecho a embargo. ¿Y qué pasa? Pues nada: que en vísperas de la campaña electoral le ha puesto a la su Montse, a Sánchez, al POSE, al sanchismo, a Maricarmen, y a la gente de Sol, un pisito guay sin ánimo de lucro, llevándose por delante a todos los buitres que especulan con la vivienda fuera del tiesto. Él es un buitrecito familiar, generoso, un lujo de Zapatero que tiene «muy poco» pero que da «mucho». A esta hipocresía y pitufeo mayestáticos los identificó La Celestina con una «asna coja», porque amparan con la cojera a todos los buitres depredadores.