Editorial

El despunte de la economía de Castilla y León debe servir de acicate y de impulso

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Castilla y León registra el tercer mayor crecimiento del país, en lo que a Producto Interior Bruto (PIB) se refiere. Esos son los datos que se reflejan en la Contabilidad Regional de España, publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) referentes a 2025. Unos datos que son claros y que sitúan a la economía de la Comunidad en el podio del país.

Sin duda, toda una demostración de la fortaleza en la que se encuentra la economía castellana y leonesa, que hace que pueda mirar al futuro, en el que ya aparecen nubarrones e incertidumbres, desde un atalaya de crecimiento que, eso sí, no debe convertirse en relajación. Es necesario activar políticas para no sólo consolidar ese crecimiento, sino impulsarlo. Y una buena oportunidad para hacerlo serán los próximos presupuestos autonómicos, que hoy ponen su primer peldaño en el Consejo de Gobierno con la aprobación del techo de gasto, tal y como ya anunciaba hace ahora una semana el consejero de Economía y Hacienda y portavoz, Carlos Fernández Carriedo.

Estos últimos datos oficiales confirman un desempeño notable para la economía de Castilla y León, con un crecimiento del PIB del 3% en un año y por encima de la media del país del 2,6% y mucho más elevada que la de la zona euro, la Europa de los 27, que se queda en el 1,4%. Cifras que no son solo una estadística favorable. Representan una auténtica demostración de la solidez, capacidad de tracción e impulso productivo.

Esa atalaya de crecimiento tiene que servir como un mirador sólido desde el cual afrontar el futuro con garantías y confianza. Una confianza que debe venir de la mano de políticas que ayuden a impulsar ese crecimiento y a combatir esos nubarrones e incertidumbres, que ya se ven la subida de los precios y, sobre todo, en la economía de las familias. El mensaje es claro, no se puede bajar la guardia. La posición actual no debe invitar al acomodamiento ni convertirse en un oasis de relajación. La historia económica demuestra que la bonanza no gestionada tiende a diluirse ante el primer embate que venga de fuera. Lo que exige este escenario de crecimiento es una respuesta proactiva por parte de las administraciones, el tejido empresarial y los agentes sociales, esos que son parte del gran activo de la Comunidad, el Diálogo Social. Y es que el despunte de la economía de Castilla y León debe servir de acicate y de impulso futuro.