VOX es una sala de audiciones
Rocío de Meer
VOX no es un partido. Es una sala de audiciones que se despliega por España como aquellos casetes de Manolo Escobar o Arévalo que dispensaban los surtidores de la Campsa, de la misma forma que hoy te ofrecen chuches para hacer más llevadera la ruta. VOX no es un partido. Es la CBS, la EMI, o Ariola. Cómo mola. Es un estudio de grabación en sí mismo. Donde todo hijo de vecino graba al vecino de al lado o al del piso de arriba. Es de suponer que la gente en VOX llega al puesto de trabajo o las reuniones con el Rec activado, estilo Koldo. La última víctima de semejante grosería es el caído en combate Javier Ortega Smith, al que una jefa de prensa, que había causado baja por maternidad, inmortalizó para mayor alboroto de Rocío de Meer, una de las estrellas rutilantes en el nuevo VOX construido en ausencia de los Ortega, Espinosa, Antelo o Gallardo. La autora de la grabación no tuvo reparos en grabar al ex portavoz municipal en el consistorio madrileño y, en otro tiempo, uña y carne con Abascal, cuando le comunicaba que no le renovaba el contrato que le había dado en el grupo municipal. Contrato que se da a dedo y se quita a dedo. El caso es victimizarse a golpe de traición. Mal mensaje interno que manda De Meer a sus huestes vitoreando a la autora de la grabación al tiempo que se acuerda de la madre de Ortega Smith en X. Qué ganas de mentar a quien no pinta nada. Patinazo de los gruesos el de la dirigente. No es este lugar para desasnar políticos juveniles. Así que simplemente le recomendamos Esencia de mujer, donde un soberbio, a la par que histriónico, Al Pacino, convertido en coronel ciego endosa un alegato sobre cómo se forjan los líderes en la cuna de la honestidad y la decencia, no en la de los chivatos a cuenta. Lo que ha hecho, lejos de lo que piensa, es alentar a sabandijas sin escrúpulos, dispuestas a conectar la grabadora a quemarropa contra un compañero y a traición. La víctima es Ortega Smith, sin ningún género de duda.