El campo pide trigo al consejero Pino
Joaquín Antonio Pino
El consejero al que todas sus competencias le parecían pocas hasta el extremo de querer desorganizar a la primera de cambio el pacto PP-VOX, que tardó casi tres meses en fraguarse, va a conocer ahora la diferencia entre predicar y dar trigo. Hasta ahora estaba en el lado de los que predicaban, pero no con el ejemplo, más bien con el lamento y la queja constante. Ahora está en la vertiente de los que tienen que dar trigo. Pero antes hay que mirar cómo están los silos. Porque el dinero público como el trigo no es infinito. Seguramente, por las peculiaridades de sus antecedentes en asociacionismo o sindicalismo agrario, esta será una de las vicisitudes más complejas para el consejero, al que de momento se le ha visto una enorme determinación a la hora de ir afrontando decisiones menores, pero que dormían el sueño de los justos, no se sabe si por indecisión o por pura desidia de sus antecesores en las materias de las que ahora es competente, como la caza y la pesca, por ejemplo.
De momento su partido ya le ha dicho que se olvide de esa vocación que le entró de asumir la gestión de la prevención de los incendios. Esa materia recae en Medio Ambiente, tal y como se rubricó en el pacto y el reparto de carteras. Que también son ganas de tirarse a las piscina sin agua por parte de Pino. Ahora lo que toca es resolver la demanda de las opas antes de que la movilización, como las que él promovía desde ASAJA Ávila, llegue a las puertas de su despacho. Difícil encrucijada de coherencia la que tiene que asumir. Ahora será consciente de que no es una isla y forma parte de un grupo de gobierno, que tiene que decidir en función del bien social general y no de las reivindicaciones y deseos de un sector.