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Era previsible que el Gobierno central, en su papel de tío buenazo buenorro, se diera de bruces con el reparto de los menores no acompañados (menas). Como la noche sigue al día, era también seguro que Vox cavaría más profundo en el asunto, en su rol de tío duro que tiene que hacer un trabajo sucio y además le gusta.

Pollán alzó la ‘Vox’ contra los menas que el Gobierno adjudica con matemáticas vengativas a los cuidados de la Junta de Castilla y León. Proclamó que esos «supuestos menores» pasarían un reconocimiento para establecer su verdadera edad y, si se descubrían adultos en situación ilegal, los repatriaría. Y eso que no es cosa suya.

Ve inaceptable «150 euros» por cabeza y día de esos menores, aunque sólo fuera uno el adjudicado a Castilla y León. Incluso si estas personas se integraran totalmente, y como el joven que ya vive aquí, se largaran de Castilla y León en cuanto pudieran.

Vaya, que quede claro que la sensibilidad del vicepresidente primero y consejero de Desregulación, Familia, Ayudas Sociales y Resurrección del Imperio Austrohúngaro pasa por demostrar que aquí nos sobra soberbia, tiempo y, a lo que parece, población, con tal de contravenir al Gobierno central.

Resulta curioso cómo el asunto de los menores no acompañados pone en evidencia el auge de adultos mal acompañados. Pollán lo está por Abascal (Ese Hombre), y el súbdito vomita eslóganes como la niña del Exorcista, sopa verde. Mal acompañado por Pollán está Carriedo, comedido portavoz de la Junta, que ha de comparecer arrastrando los folios como quien carga una bombona de matices y aclaraciones cada vez que su socio hace propaganda de tres al cuarto y sin ascensor. Tuvo que recordar el portavoz de la Junta que las repatriaciones son competencia estatal y que las pruebas para valorar la edad de un menor cuando hay duda razonable ya se practicaban tras solicitarlo a la Fiscalía.

Tampoco está Carriedo bien acompañado por su líder nacional, Feijoó, ese gallego antiguo que no sabe de migraciones desde que marchó de Galicia. Por no saber, no sabe ni siquiera si sale o entra de un yate ni con quién; en su bolo de Valladolid mete libertad e hipoteca en la misma frase y a estas alturas todavía utiliza la palabra cáncer para hablar de problemas sociales, recordando a los que conviven con el verdadero cáncer lo terapéutico de no votar a memos.

Para prueba de edad definitiva, esta polémica por los menas. Saca a la superficie a adultos que, ante uno de los mayores retos de Europa como es la inmigración, se comportan como niñatos. La peor compañía.