Pepe Álvarez y Óscar Lóbo

Secretario general de UGT y secretario general de UGTCyL

Atropello histórico en Medina de Rioseco

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Resulta una anomalía democrática que el alcalde popular de Medina de Rioseco se haya empeñado, de repente y sin que medie petición alguna, en borrar el nombre de Pablo Iglesias del callejero de la localidad. La placa que recuerda al fundador de la UGT y del PSOE lleva más de cuatro décadas en su sitio, desde que en 1984 así lo decidiera la corporación municipal que presidía el alcalde socialista Eduardo Franco. Cuarenta y dos años después, sin ninguna solicitud previa, ni razón alguna —el propio alcalde admite que no existe petición formal alguna—, se pretende ahora consumar ese borrado. Decepcionante.

Las prisas del regidor actual son directamente proporcionales a la fuerza del aliento que siente en la nuca por parte de una ultraderecha que le gana terreno elección tras elección. Ni en los casi diez años que lleva de alcalde, ni en los veintisiete de gestión continuada del PP en la alcaldía, se había producido una ocurrencia semejante. No es inocente: es una maniobra orquestada, camuflada bajo el cambio de otra veintena de nombres de calles, que ha llevado a auténticos sinsentidos, como rescatar el nombre de una vía que pasará a llamarse calle de los Pobres o rebautizar calles que ni siquiera tienen viviendas.

Conviene recordar que la relación entre Medina de Rioseco, la comarca de Tierra de Campos y la figura de Pablo Iglesias no es ni lejana ni casual. El fundador de la UGT ya estuvo presente a comienzos del siglo XX, concretamente en 1904, defendiendo los derechos de los trabajadores y organizando a la clase obrera para conseguir condiciones más dignas en el campo y en las incipientes industrias agroalimentarias de una tierra cerealista. Su presencia dio visibilidad a las reivindicaciones de los jornaleros en una comarca dominada por el latifundio y la dureza laboral. Años más tarde, la llegada de la República despertó expectativas de reforma que chocaron frontalmente con los intereses de los propietarios agrarios, provocando numerosas protestas y huelgas.

Y no era para menos. Los obreros agrícolas venían de condiciones laborales cercanas a la esclavitud, según documentan los historiadores. La elevada conflictividad social de los primeros años republicanos produjo, solo en Valladolid en 1932, 41 huelgas. Los historiadores subrayan también la actitud obstruccionista de quienes ostentaban tradicionalmente el poder en Castilla —patronos, caciques rurales y clero—, que consideraron las medidas reformistas del Gobierno republicano y el protagonismo de las sociedades obreras como un auténtico atentado.

La visita y las ideas de Pablo Iglesias contribuyeron decisivamente a que el proletariado agrícola abandonara las reivindicaciones individuales para organizarse política y sindicalmente de forma estable. Su respaldo a los conflictos agrarios de 1904 convirtió a Medina de Rioseco en uno de los referentes del primer socialismo rural español, una huella que se prolongó durante la Segunda República y que continúa siendo objeto de memoria histórica. No en vano, en 1931 se integraron en la UGT los afiliados de la Sociedad Obrera Agrícola, y en 1933 lo hizo la Sociedad Obrera de Profesiones y Oficios Varios. De ese impulso organizativo nació la Casa del Pueblo de Medina de Rioseco, un caserón de adobe de dos plantas levantado en 1932 con más de 400 metros cuadrados, cuyo salón-café llegó a convertirse en un centro de la vida social y cultural de la comarca. Su vida fue breve: primero por los cañonazos de los sublevados en 1936, después por la incautación de las autoridades franquistas.

Esa estrecha relación entre los trabajadores de Rioseco y de toda Tierra de Campos con el sindicato que fundó Pablo Iglesias sigue viva hoy. La localidad continúa siendo epicentro de afiliación ugetista, con centenares de afiliados y afiliadas al sindicato solo en Rioseco, y lo mismo ocurre en otras localidades del norte de la provincia vallisoletana: una comarca golpeada por la despoblación que, sin embargo, mantiene una tasa de afiliación sindical más que notable, cercana al medio millar de personas.

Lamentablemente, la historia se repite. Algunos se empeñan en enterrar la memoria de quien fue pionero en la defensa de los derechos de los trabajadores. Conviene recordar la valoración que suscitaba entre los intelectuales de su época. Antonio Machado escribió que la voz de Pablo Iglesias tenía el timbre inconfundible de la verdad humana. Para Ortega y Gasset era «el santo laico», por su austeridad, honradez y ejemplaridad moral. Y Miguel de Unamuno, aun crítico con su «obrerismo», lo definió como una persona recia, sólida, noble y robliza.

Fue el mismo Unamuno quien, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, escuchó de boca del general Millán Astray aquella célebre proclama de «muera la inteligencia». Llegados a este punto, cabe preguntarse si actuaciones como la del actual gobierno municipal de Medina de Rioseco se parecen más a los caciques rurales de la época, o a esa fuerza bruta por encima de la inteligencia que pregonaba el fundador de la Legión en la universidad más antigua de España. Exigimos, pues, que se rectifique esta decisión incomprensible, que pretende borrar la Historia de nuestro país, del sindicato más antiguo de España y de las gentes que contribuyeron a construir una España mejor. La misma que hoy todos y todas disfrutamos, incluido el alcalde de Medina de Rioseco.