EN POCAS PALABRAS
Arramplar, ley del sanchismo
Estrenamos gobierno en Castilla y León, y hay cuestiones que ahí están esperando a que un político con tronío se arremangue los pantalones o la falda, se ponga frente al tajo, y solucione los problemas pendientes del modo y manera como le dé la gana. ¿Cómo? Muy sencillo. De momento, que no es mucho pedir, del modo con el que se han ganado las elecciones, aunque parezca mentira. Bien bajo el paraguas de la prioridad nacional –que a saber en qué termina este invento de la neopolítica–, bien con la desideologización ideologizando que es gerundio –ignoramos cómo se puede conjugar algo tan contradictorio en un mismo razonamiento sin echarse a temblar–, o bien con un nuevo artilugio. Siempre y cuando no signifique la tomadura de pelo a la que ya nos tiene tan acostumbrado el sanchismo redentor, y que vive ahora con ZP imputado su estelar despegue: «No les decepcionaré. Ya lo verán».
Lo veremos. El caso es que este periódico –en portada y en su página 3 del miércoles pasado– puso el dedo en la llaga con el asunto de la okupación en Arroyo de la Encomienda (Valladolid). Desde hace años, una comunidad de propietarios, sostiene con todos los servicios a un puñado de sinvergüenzas, caraduras, y delincuentes. ¿Qué hacer? Allí donde aterriza la Ley de Vivienda de Sánchez, la delincuencia es imperio, y los okupas son los verdaderos dueños de las casas y de los servicios. Inermes, «los vecinos legítimos no pueden seguir viviendo en una situación de indefensión», denuncian. Mientras los okupas tengan de dónde arramplar –ley suprema del sanchismo–, la propiedad es un delito, y los propietarios los delincuentes. ¿No hay políticos coaligados en Castilla y León, que reparen esta prioridad que es un mandamiento universal?