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Perdón por este título que, sin pedir permiso a Dios o al diablo, se ha colado en este Plus Ultra de las miasmas estelares como… como si esto fuera, qué sé yo, un mantel impoluto de lino holandés para tomarse el café de los lunes por la mañana. Por favor, no soy lo que se llama un mirlo blanco, ni siquiera como poeta de tres al cuarto. Pero tenemos ante nuestros hocicos una realidad objetiva y mediática pistonudísima, que no podemos eludir. Gracias al tándem Pedro Sánchez & ZP, nos ha estallado por fin la gran podredumbre ácida que nos acechaba. Un carrusel magnético que no hay manera de erradicar con vinagre o con una grúa.

El auto del Juez Calama nos ha situado en la espoleta de una corrupción explosiva, deletérea, inabarcable. No lo digo yo, que soy un relator literario. Lo soltó el miércoles 20 en el Congreso de los Diputados un experto en la materia como Rufián. Su apellido, siempre en la lupa cervantina, nos conecta sin más intermediarios con la florinata del hampa hispana. Mostrando a sus señorías re-putadísimas el auto, dijo la única verdad que en esa casa todos entienden sin pinganillo: «Si esto es verdad, es una mierda». Lo que produjo en Sánchez, presente, y en el sanchismo de cuerpo presente, el efecto de una lavativa que ya se aplicaba en la Edad Media para casos de emergencia como éste: «cacatio matutina est tamquam medicina», la cagada matutina es como una medicina.

Al oír la palabra «mierda» en boca de este pimpollo de sardanas en 24 compases, automáticamente –deformación profesional–, me vino a la mente la gran obra del teatro del absurdo de Alfred Jarry, titulada Ubú rey, 1896. Un genial remedo de Macbeth como parodia a la ordinariez de un tirano chusquero y usurpador, asesino a destajo, que tenía un sueño: «reformar la Justicia», y hacerse con «la Hacienda» pública. La primera palabra que se pronuncia en escena es «¡Mierdra »: mierda gigantesca con dos erres como prototipo que, repetida 35 veces en la obra, es el talismán de un proyecto político enmierdado. ¡Con qué timidez lo insinúa lady Ubú al principio!: «¿quién te remendaría la culera del pantalón?». A lo que responde Ubú: «¿no tengo un culo como los demás?».

El tema de hoy no es hablar de Ábalos o de Koldo, que ya tienen el culo cuadrado, y no son más que aventadores de la mierda institucional. El tema central es la mierda en origen como esencia del proyecto sanchista. ¡Qué gran trayectoria! La izquierda llegó al poder hace 8 años para purificar la política de Rajoy. A muchos derechones les pareció de perlas este eslogan publicitario. Yo discrepé. Desde el año 2000 he publicado en prensa más de mil y pico artículos en contra de las cacicadas del falso leonés, que es ZP. Conocía a fondo al de la ceja de oro, y había leído el programa subversivo de Ubú: «Si fuera rey me haría construir una gran capelina como la que tenía en Aragón y que esos bribones españoles me robaron imprudentemente».

Esa capelina mercenaria –no es más que una venda excretada y supurante que todo lo oculta– fue la que usó Sánchez hace 8 días en las elecciones andaluzas con gran destreza: consiguió el 22,71% de los votos. Increíble. Los incrédulos se quedaron a dos velas, y los optimistas dedujeron que las ratas comenzaban a abandonar el barco. Garrafal error. La inteligencia espacial de las ratas es acojonante: sólo abandonan el barco cuando el hombre se convierte en rata. Entonces ellas, sencillamente, huyen de la mierda. En este bamboleo de géneros y de números –la hermana rata según la ley– el sanchismo es un experto depredador, y todo lo que aparece en escena es mierda que «ha resistido a la descarga», como señalaba con humor lady Ubú. Con ZP –la ética de rodapié al poder– la mierda es un mundo itinerante de apoteósica vigencia.

¿Qué pensarán en conciencia los inventores sanchuneros de esta deriva escatológica? Al sobrarles la conciencia, pues nada: que están en la batalla por la pasta como cualquier tirano. Y es que para ellos sólo existen dos tipos de personas y de mundos: el de los canallas y el de los tontos. Desde el primer instante decidieron por unanimidad –lo demuestra el auto del Juez Calama, y lo que vimos en el Tribunal Supremo– estar entre los primeros: con los canallas. Conclusión: que desprecian a los tontos tanto como los esquilman a diario. Categoría progresista. Eligen al canalla porque es lo positivo, y lo decisivo para jugar su papel de riesgo. Hecha la elección del menú, sus decisiones y reacciones son de canalla. Unos canallean con las putas, otros santifican a los ladrones y criminales, y al resto –oh canallez lujuriosa– les gusta tanto la mierda que la sirven en pinchos morunos.

Con la irrupción de ZP, luz del paraíso fiscal, en el reparto de los desechos, nada queda en pie. «Mi Señora hembra, es de piel de cordero con un broche y abrazaderas de piel de perro», constata Ubú. Para limpiar la integridad y la honestidad de la izquierda, no hay papel higiénico suficiente. Rufián se ha postulado como renovador de este místico estercolero. No lo tiene fácil, pues hay muchos aspirantes para el cargo. Hagan lo que hagan ZP & Pedro Sánchez van derechitos a la destrucción más humillante, y les veremos implorando lo que ya es un imposible como escapatoria: «¡Un caballo, un caballo! ¡Mi reino por un caballo!» imploraba Ricardo III. Ubú I es más pragmático y ordenado: «¡Espabílate, amigo mío! De momento recemos el Pater Noster. Cada uno su turno para ser comido».

Como el bueno de Quevedo no vive para expresar en viva voz sus desavenencias con la hienda, permítanme el atrevimiento. «A mesa puesta y a cama hecha», recojo el testigo y repito lo de todos los lunes: Delenda est tyrannia.