Editorial

Un pacto ya cuajado que ralentiza un gobierno por puro tacticismo

VÍCTOR ALDAMA.-E.M.

Creado:

Actualizado:

El líder de VOX en Castilla y León, Carlos Pollán, verbalizó ayer lo que todos sabíamos, que el segundo pacto de gobierno con el PP en la Junta, tras el fallido de 2022, tendrá las mismas hechuras que los ya firmados por ambas formaciones en Extremadura y Aragón. Es decir, VOX asumirá tres consejerías (Agricultura y Cultura seguras) y una vicepresidencia con una de las carteras adscritas al cargo. Cargo que ostentará el propio Pollán. Las medidas, en líneas generales, más allá de peculiaridades territoriales, son las cuajadas en los pactos extremeños, tal y como detalló ayer este periódico. Queda por resolver si VOX recuperará Empleo, Industria y Comercio, o se sacudirá ese cáliz para no tener que estar bregando constantemente en su guerra ideológica y cultural con los sindicatos. Mañueco espera pacientemente, sabedor que lo que no querrán ni en pintura será Sanidad o Incendios, que son las consejerías que miden a los políticos y calan la talla de los patriotas de vocación, no de pulsera, gorra y megáfono. Educación, que ha alcanzado las cotas más altas posibles bajo el mandato de la soriana Rocío Lucas, no la dejará en manos de los experimentos de nadie. Y está por ver qué es ese invento de desregulación, que, de primeras, suena a ese vicio que tiene la nueva política para envolver en el lenguaje y palabras entre impronunciables e indescifrables las ganas por no hacer nada, que es la mejor forma de que nadie te critique, como bien pronosticaba el ex presidente Jesús Posada, un soriano sabio.

Si el asunto del pacto va a ser un calco de lo ya fraguado durante casi cuatro meses en Extremadura y Aragón, no hay explicaciones decentes a tanta espera. Más allá del tacticismo de VOX, como ya advirtió este periódico hace más de un mes, que no quiere cerrar Castilla y León hasta no comprobar si Juanma Moreno mantiene el altar de la mayoría absoluta o depende de los de Abascal para renovar la presidencia de Andalucía por tercera vez consecutiva. Claro que si para cerrar un pacto, que ya debería estar premeditado y mascado antes de los comicios, se tiran la friolera de dos o tres meses, no se puede decir que brinden demasiado optimismo en su agilidad ejecutiva cuando les vuelva a tocar pasar de las musas de la oposición al teatro del gobierno. Porque uno debe saber lo que quiere cuando va a unos comicios que certificaron un resultado previsible, aunque con un PP más fortalecido, en virtud de los disgustos que se llevó Feijóo en Extremadura y Aragón, y el naufragio de expectativas de VOX en Castilla y León. Lo que necesita Castilla y León, para seguir creciendo con más fuerza es más acción política y menos sermones ideológicos.