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UNA DE las peores cosas que suelen sucedernos a los seres humanos es que, sin remisión, seguimos empeñándonos en ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Son sentimientos bíblicos que aportan mensajes definitivos y concluyentes. Mensajes que hurgan en la necesidad de entender la realidad aplastante y contradictoria, la que enuncia otra versión mucho más mundana que, generalmente, siempre nos define, y que para expresarlo de un modo más explícito solemos aplicar el principio de que la parte ancha del embudo es para mí y la estrecha para todos los demás.

La falta de coherencia se compone de todo eso que aborrecemos e incluso criticamos con dureza ante muchas de las cosas que hacen y dicen los demás. Pero que cuando parten de nosotros siempre están bien hechas. Y la falta de empatía tropieza con los principios básicos que suelen manifestarse en el egocentrismo y, sobre todo, en no ser capaces de ponernos en el lugar del otro, al no darnos cuenta del sufrimiento que podemos ser capaces de causar.

Tristemente el gobierno de Sánchez e incluso el propio Sánchez, como líder indiscutible del sanchismo, están gobernando España desde una posición que antes criticaron con dureza. La corrupción se ha adueñado de ellos, los ha colonizado y ha causado estragos en muchos altos cargos de su administración, ya que incluso hay ministros implicados en tales devaneos, miserables y huraños. El diputado José Luis Ábalos sería un ejemplo suficiente como para que el presidente que lo nombró ministro se diera cuenta de que su gobierno puede ser un gobierno fallido y un claro ejemplo de cómo el socialismo no es tan feminista como suelen decirnos. Que la mujer ha sido maltratada, ninguneada e insultada en las conversaciones que han ido apareciendo en las cintas gravadas por la UCO.

La falta de coherencia y la falta de empatía crean un lastre en la política española de los últimos tiempos, ya que los españoles nos damos cuenta de que estamos siendo ninguneados por un presidente que debería ser el presidente de todos los españoles, de los que sentimos la frustración y la traición por estar absolutamente abandonados. Desprotegidos ante sentimientos que no poseen quienes gobiernan este país más bien desconcertante.

Y es que el engaño por el engaño, ha sido durante esta legislatura, el afán de un gobierno que ha deseado alejarse de las personas que participamos en España, que deseamos entender qué es realmente lo que sucede y por qué sucede todo esto que no nos merecemos. Los gobernantes actuales no ofrecen más que verborrea, de esa que no aporta nada de nada a una sociedad que está cansada de tantas palabras confusas y vacías.