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DICE el rey Felipe VI que España «necesita» a las empresas familiares porque son el «pilar fundamental de nuestra economía» y lo enfatizó en Burgos, en Castilla y León, un territorio en el que brillan con luz propia las compañías catapultadas hacia el éxito gracias al esfuerzo y la inteligencia de las familias fundadoras y sus trabajadores. Ante un auditorio compuesto por directivos de este tipo de firmas en el congreso estatal que los reunió en la capital burgalesa, el monarca renovó su apoyo a quienes representan un 70% del empleo privado y el 60% del Producto Interior Bruto del país. Cómo no ponerse del lado del mayor motor de la economía estatal, como hizo el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, quien se comprometió ante los asistentes al congreso de la empresa familiar a aplicar desde su gobierno autonómico «políticas destinadas a acompañar siempre a los que arriesgáis, a los que sostenéis la economía real en cada pueblo y en cada ciudad». En el mismo renglón se inscribieron las palabras del ministro ministro Jordi Hereu, quien tildó a este empresariado de esencial para fortalecer la industria, la competitividad y la estabilidad del país, porque conjugan como nadie la ética, la visión estratégica a largo plazo y la capacidad de adaptación. En Burgos, donde tiene su sede la principal empresa familiar de Castilla y León, que es el grupo Antolín, la segunda mayor de la Comunidad sólo por detrás de Renault en cuanto a facturación, y otros conglomerados de origen familiar como Aciturri, Pascual o Campofrío, los empresarios compartieron sus inquietudes en un entorno en el que deben solventar con éxito la presión regulatoria, la transición a la economía sostenible, la incorporación de la Inteligencia Artificial y la incertidumbre arancelaria. Una proeza al alcance sólo de los héroes más aguerridos, curtidos en mil batallas y expertos en esquivar las maniobra del poder político, las mismas que ahora amenazan al gran ejército de mano de obra de Burgos, Castilla y León y España que son los trabajadores por cuenta propia. Hay que tener un perfil batallador, valiente y combativo para ser autónomo en este país en el que se pintan dianas en la espalda de los objetivos más insólitos, especialmente por parte de los poderes públicos cuando los ocupa la izquierda desnortada, esa que no ve las chistorras cuando se las pasan por debajo del morro, pero sospecha que cada trabajador autónomo es un defraudador en potencia. Una de cal y otra de arena, porque también está convencida de que los empleados por cuenta propia son inmortales y nunca enferman ni se accidentan por lo que es innecesario dotarles de las coberturas de las que gozan a mansalva otros colectivos como pueden ser los empleados públicos, que hasta van al médico especialista por lo privado. Atacar a la mayor fuerza económica del país sería un suicidio electoral en cualquier otro Estado que no fuera un sainete, pero lo que importa es el cambio de la hora. ¿Qué dirán los sindicatos? Amén, casi seguro.