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ANDA EL CACO merodeando suelo europeo. Nosotros padecimos a Erik el belga. Y entre casos sin resolver, ahí están las teselas del mosaico de Baco en aquella cruel inocentada del 28 de diciembre de 2011. Desaparecieron para siempre. El Codex Calixtinus tuvo más suerte. Pillaron al caco en sede catedralicia. Nunca entenderé cómo los bodegueros no costearon un detective en plena DO Ribera de Duero. Solo unas pinceladas para entrar en materia. Dicen, y no sin cierta contundencia, los discursos oficiales y las lenguas del común, que Castilla y León tiene en su espacio geográfico estatutario el mayor número de monumentos de BIC de patrimonio artístico de todo el Estado español. Hay quien asegura que la mitad de toda España. Un par de retablos de cualquier aldea da para un museo. Esta comunidad viene a ser algo así como un gigantesco catálogo monumental. En el listado entran todas las iglesias de todos los pueblos, aldeas y pedanías al lado de las diminutas ermitas visigóticas y mozárabes que son la joyería fina. Además de la arquitectura palaciega y militar. Y por si nos faltaran raíces y datos escritos, contamos con una valiosa biblioteca desde la Historia General del rey sabio, que compiló el primer mapamundi en castellano. Sin descartar las fuentes romanas tan descriptivas, tan citadas. Columela, Plinio y los suyos que son legión. Somos una gigantesca cebolla con miles de capas que resumimos casi siempre con ese tridente que ha dejado sus muescas en dinteles, yeserías y capiteles. Me refiero a la herencia de cristianos, árabes y judíos. Un sueño de hermandad que siempre terminaba mal y en expulsiones. Aunque en estos últimos tiempos, la aljama y los museos de los candelabros de los siete brazos hayan entrado en un silencio cobarde. Pocos se atreven a resucitar las rutas turísticas de la huella y cultura judías. Se escuchan pocos cantos, salmos y melodías que nos recuerdan a Sefarad. Si nos ponemos estupendos, basta recurrir a Atapuerca y tirar del hilo. Nunca una nación moderna tuvo en su entraña tanta sangre mezclada y tanta sabiduría almacenada en el archivo de la Humanidad. Está muy claro que en estas materias lideramos a placer. En esta región se nos llena la boca -o debiera llenársenos- de páginas de arte, de historia, de hazañas y de conjuntos histórico-artísticos con sus palacios, colegiatas, ermitas, castillos, monasterios y barrios enteros. Al menos, seguimos tocando el ARPA con INTUR todos los años. Acierto. Son los alarifes del patrimonio. Y esta borrachera de inteligencia natural nos embriaga sin levantar la alfombra de la arqueología que por estar debajo no puede competir con la soberbia elegancia de las agujas de Dios, los pináculos de la seo. Tenemos mucho que custodiar. Ojo con los cacos. No vaya a ser que se nos cuelen.