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Y en estas va y reaparece la olvidada Silvia Clemente. Y lo hace con un nuevo partido con el que asegura que quiere que Castilla y León vuelva a latir, que se reinicie, que se merece más. Qué bonito todo. Y lo dice ahora, cuando ya no pinta nada, no ya en la política, sino casi en la sociedad. Al menos no mucho más que cualquier castellano y leonés de a pie. Esos que tienen mucho más que decir que cualquier político.

Nada se le oyó de ese nuevo latir, de ese reiniciar y de ese merecer más en sus años y años como alto cargo y dirigente del Partido Popular, ya fuera como consejera o presidenta de las Cortes. Entonces, nada se le oía desde esa poltrona del cargo. ¿Será que entonces su Castilla y León no necesitaba latir? ¿No precisaba reiniciarse?¿No merecía más? No, la única diferencia con entonces y ahora es la poltrona. Esa desde la que antes todo era maravilloso y que ahora Silvia Clemente parece seguir añorando.

La política va de proyectar pero, sobre todo, va de ejecutar. De poner en marcha acciones que vengan a favorecer la vida de los ciudadanos y ciudadanas. Y Silvia Clemente, en sus años de vida política, la mayoría desde la poltrona de un cargo, tuvo oportunidades para poner en marcha esas acciones en beneficio de los ciudadanos o, al menos, de presionar a los suyos para que las pusieran en marcha. Y tuvo tiempo de hacer que Castilla y León volviera a latir, se reiniciara y trabajar hacia ese más que ahora asegura merece. No se olvide que esta tierra lleva gobernada cuarenta años por quienes hasta no hace tanto eran los suyos. Y buena parte de esos 40 años con ella en responsabilidades de gobierno. ¿Hizo algo? A la vista está que nada.

La misma nada con la que se fuga del Partido Popular de León la flamante nueva mujer fuerte del arrendatario de Génova, hasta que la mandamás madrileña y arrendadora quiera, Ester, sin hache intercalada, Muñoz. Se va para seguir pisando moqueta, lo de pisar la calle ya es otra cosa que no va con ella, en sus quehaceres en el Congreso de los Diputados. Y se va dejando al partido en León hecho unos zorros. Básicamente porque pese a ser su presidenta y diputada por León, antes senadora, eso de ir al territorio a conocer de primera mano los problemas de la gente nunca ha sido lo suyo. Lo de Ester, sin hache intercalada, Muñoz son más los púlpitos y los atriles. Esos desde los que lanzar sus soflamas contra el sanchismo. Básicamente para eso la quiere el arrendatario de Génova, para insultar y gritar más. Su legado en el PP de León, ese que deja al partido casi sin poder institucional salvo la isla de Ponferrada, y desorganizado internamente, poco o nada importa. El suyo es un reconocimiento y un premio a la nada.

A esa nada en la que deja al PP leonés.