El PP gobierna plácido en Castilla y León sin síntomas de oposición
LA SITUACIÓN POLÍTICA en Castilla y León se está convirtiendo en más que preocupante. La oposición ni está ni se la espera. Y eso debilita enormemente la actividad política de la comunidad. Una oposición fuerte, centrada y presente hace más fuerte a un gobierno. Y de todo eso se beneficia la ciudadanía.
El PSOE, la principal fuerza opositora, ejerce a intervalos sin saber ni por donde le da el aire. El mejor ejemplo es la aparición, tras dos semanas desaparecido, del sucesor de Tudanca, el alcalde de Soria, para, seguramente sin ser ni consciente de ello, instalarse en la distopía. No se le ocurrió otra cosa que acusar a Mañueco de intentar hacer coincidir las próximas autonómicas con las andaluzas. Es tanto como decir que Mañueco es adivino. El 15 de marzo es la fecha que corresponde por ley a la convocatoria electoral de Castilla y León. Mañueco ha dicho hasta la saciedad que va a agotar el mandato. Es tanto como decir que Mañueco es adivino o desconocer hasta la letra de la ley electoral de Castilla y León, que emana de una norma nacional. Así de perdido y desamparado anda el principal partido de la oposición. Si no sabe ni cuándo tocan las elecciones autonómicas como para esperar un análisis y propuestas para la comunidad. Da la impresión que Carlos Martínez y su equipo se ha rendido antes de tiempo y sólo busca excusas para intentar titulares con los que justificar su existencia como principal fuerza opositora.
A todo esto le precede la desaparición del PSOE de la actividad parlamentaria después de unirse a VOX para pedir que julio fuera periodo hábil en Cortes. VOX ha pasado olímpicamente del PSOE, que no ha tenido ni coraje para exigir que se convocara la comisión para iniciar la renovación de la ley de violencia de género autonómica, de la que han hecho bandera. El PSOE ni está ni se le espera o está de vacaciones. Unas largas vacaciones de dos meses y medio, conciliadas con VOX, que es quien preside las Cortes de Castilla y León.
Carlos Martínez debería decidir de una vez por todas qué quiere ser de mayor en la política autonómica. Aunque, como señalaba un destacado dirigente socialista no hace tanto en privado a otro: “¿Y Carlos, cuándo va a empezar?”. Un sarcasmo que resume el sentir general del socialismo de Castilla y León. Tiene razón el de Soria al decir que el PP y Mañueco están cómodos en el gobierno. Ellos contribuyen notablemente a esa comodidad, mientras los días pasan y los populares gobiernan con desahogo y plácido, y sin síntomas de oposición.