La sonrisa de Nuria Rubio
La vicesecretaria general del PSOECyL, Nuria Rubio.
Tiene que resultar duro, tremendamente duro, para Tudanca asistir al ascenso meteórico de la mujer a la que hace un año purgó en una insensata pelea orgánica de machos. Nuria Rubio, laminada por el tudanquismo por negarse a traicionar a Cendón, ascendió hace mes y medio a la vicesecretaría general por obra y gracia de Carlos Martínez. Y por la misma gracia, lo hará próximamente, con el permiso de Mañueco, a la vicepresidencia de Cortes. Nuria fue víctima de los machotes feministas del tudanquismo. Sánchez, Pedro, el implacable, había fulminado a Barcones de la Delegación del Gobierno por la algarada de las listas de 2023. Y lo hizo en el túnel de Pajares, dentro del AVE inaugural, y a cara descubierta. Y en un ejercicio de feminismo del güeno, Tudanca fue como poseso a por Rubio, en vez de a por Cendón, al que culpaba de la degradación de Barcones. Le dieron a elegir: billetes o lealtad. Rubio eligió honestidad y, con ardor feminista, le tiró los billetes a la cara a Tudanca. Ni corto ni perezoso la laminó de la dirección de grupo. Decidió abrir una guerra interna, innecesaria, cargada de testosterona, que acabará con sus huesos en el Senado, desalojando al que está, Fran Díaz, que vive días contados. Tudanca esquivará la renovación y el paso de la púrpura al gallinero del hemiciclo nacarado. Mantendrá cargo y billetes, que, a la postre, lo que cuenta es que la bolsa suena. Ya lo dijo en el plenario: «Esté donde esté... mis billetes cobraré». Es la política, el arte de los billetes. Toda esta deriva suicida que emprendió Tudanca culminó hace una semana delante de un micrófono indiscreto en el epicentro del hemiciclo, las huestes de Tudanca inmersas en una letanía de rencores y odios. Nuria Rubio nunca perdió la compostura. Ni esa sonrisa franca que porta en un constante ejercicio inconsciente de desafío. Tiene que ser duro contemplar esa sonrisa de una afilada candidez intolerable desde la sentina de la política y los arrabales del hemiciclo. La sonrisa se sirve fría.