Editorial

Un micrófono indiscreto que fuerza a Carlos Martínez a la contundencia

Leticia Pérez ICAL

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EL DEBATE de política general de Castilla y León disputado en las Cortes las dos últimas jornadas servía para medir liderazgos y fortalezas de los partidos cuando afrontan el último año de legislatura, tal y como advertimos en este mismo editorial. Y un micrófono indiscreto ha dejado en evidencia que el PSOE de Castilla y León tiene inacabada su transición de Tudanca a Carlos Martínez. El mismo micrófono puso sonido a lo que era un secretos a voces, que los tudanquistas que todavía parasitan la dirección del grupo parlamentario desconfían y repudian la renovación obrada con la retirada del propio Tudanca del combate de las primarias. Nada menos que cuatro de los más afines al todavía portavoz mofándose y cuestionando el eje de la estrategia de Carlos Martínez para atacar a Mañueco con la exigencia de un adelanto electoral. Los cuatro confesaron, sin saber que se les iba a escuchar, que con ese plan Mañueco está comodísimo y no va a tener problemas para aguantar el año de legislatura. Le estalla a Martínez la primera gran crisis con poco más de un mes en el cargo. Crisis que tendrá que resolver ahora con contundencia si no quiere que su autoridad orgánica y de liderazgo esté constantemente en entredicho. Tendrá que hacer ahora, por exigencias internas y de los barones, lo que no hizo voluntariamente hace un mes, tras ser aupado en el congreso de Palencia. No es el culpable de la crisis, pero sí el responsable. Y a él le señalan desde las provincias y las baronías. No se puede pretender dirigir el partido con mando a distancia, a no ser que seas Mañueco. Y el PSOE de Castilla y León es lo que es el grupo parlamentario, igual que el PP de Castilla y León es lo que es, esencialmente, la Junta.

En virtud de este monumental lío, Mañueco se ha encontrado con un refortalecimiento que no esperaba cuando, con estrategia, adelantó el debate para dejar en fuera de juego a Martínez por su desidia en reajustar el partido al grupo parlamentario. Mañueco puede alardear de ser la estabilidad de la que presumió en el parlamento. Sin duda, a la vista de que el PSOE se inmoló a través de un inocente pero inconveniente micrófono abierto.

Tudanca, en una huida permanente, optó por el personalismo y la justificación de sí mismo en el debate, dejando el papel de oposición real a VOX, que no la desaprovechó y, además, se benefició de la imprudencia de Mañueco de hacer una bola con el acuerdo acatado por Mazón con los de Abascal. Y en la orfandad de liderazgo tras la marcha de García Gallardo ha sabido aprovechar el momento el portavoz de VOX, David Hierro, que sacó rédito y fuste al regalo inesperado del PP y la torpeza socialista.