Una imagen de archivo de Carlos Martínez MínguezMario Tejedor

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El alcalde de Soria es un tipo fino, que dirían en Soria. ¡Qué pasa, fino! Que es una singular fórmula de saludar en las tierras altas. Tan fino que no da hilo sin puntada. Y como quien no quiere la cosa ya ha empezado a gobernar el PSOE de Tudanca. No en vano Carlos Martínez ya es secretario autonómico electo, aunque no lo haya elegido nadie. Son las paradojas de las primarias por las que todos suspiran en el seno del PSOE, pero que nadie quiere. Varias cosas ya ha dejado claras. Una, que no alberga grandes expectativas en los próximos comicios autonómicos que Mañueco convocará para la primavera de 2026. Dos, que su principal reto es recuperar el voto que recaló en Soria Ya en la desidia socialista de 2022 y que reporta nada menos que tres procuradores. De ahí su arraigo a Soria y su alcaldía, sin ambiciones por la plaza de senador autonómico, reservada a Tudanca, que aspira a un consejo de administración en algún chiringuito público. De esos bien remunerados por no marcarla. Y tres, primer aguijonazo a los suyos, aunque no sean de los suyos: ve a Mañueco muy cómodo, pese a gobernar en minoría. Más corrosivo no se puede ser con el papel de la oposición que ejerce su partido. La comodidad de uno la otorga el rival. Si no que se lo pregunten a Flick, embelesado con un decrépito Ancelotti, que se ha quedado varado en Tchouaméni y jugar como si fuera David Vidal con una flota de autobuses en vez de con la flota naval estadounidense. Ancelotti es el único animal que tropieza dos veces con el mismo Flick. El soriano no es de estridencias y aspira a un congreso sosegado, donde la única emoción reside en conocer el apoyo que recibirá su ejecutiva en el cónclave de Palencia. El soriano no piensa en clave electoral. De hecho, el suyo, como el de otros, es un movimiento táctico y estratégico para cuando llegue la ‘era pos Sánchez’. Puente y Cendón soplan y sorben a la vez. Así se empiezan a apuntalar las ambiciones orgánicas.