El cereal de Castilla y León baja hasta 4,9 millones de toneladas
La cosecha de invierno cae un 42% respecto a la campaña pasada por la reducción de superficie y la pérdida de rendimientos, en un ejercicio marcado por una climatología adversa
Un agricultor recoge el grano con una cosechadora en una explotación agrícola.
La campaña de cereal de invierno deja un importante cambio de escenario para el campo de Castilla y León. Tras una cosecha excepcional el pasado año, la Comunidad recogerá 4,90 millones de toneladas de grano, lo que supone un descenso del 42% respecto a 2025 y una producción un 20% inferior a la media registrada durante los últimos cinco y diez años. El dato confirma una campaña claramente por debajo del potencial productivo habitual del principal territorio cerealista de España y refleja cómo la combinación de factores agronómicos, climáticos y económicos ha condicionado el desarrollo del cultivo desde el inicio del ciclo.
Para una región donde el cereal constituye la base de miles de explotaciones agrícolas y uno de los principales motores del sector agrario, la reducción de la cosecha tendrá un impacto directo tanto sobre la rentabilidad de las explotaciones como sobre el conjunto de la actividad agroalimentaria vinculada a este cultivo.
Las dificultades comenzaron ya en otoño, durante la siembra. Las abundantes precipitaciones registradas en buena parte de Castilla y León impidieron realizar las labores de preparación del terreno en las fechas habituales y complicaron la implantación del cereal en numerosas comarcas. Muchos agricultores se vieron obligados a modificar su planificación y destinar parte de las parcelas previstas para cereal de invierno a cultivos de primavera, principalmente girasol, mientras que otras quedaron finalmente en barbecho.
A esta situación se unió un contexto de precios poco atractivos para el cereal y unos costes de producción todavía elevados, circunstancias que también influyeron en la decisión de reducir la superficie dedicada a este cultivo en favor de alternativas con menores necesidades de insumos.
Como consecuencia, la superficie sembrada de cereal de invierno destinada a grano se redujo hasta 1,57 millones de hectáreas, un 13% menos que en la campaña anterior y alrededor de un 10% por debajo de la media de los últimos cinco años. Burgos, Valladolid y Palencia continúan concentrando aproximadamente la mitad de toda la superficie cerealista de la Comunidad, aunque prácticamente todas las provincias han registrado descensos.
Especialmente significativo resulta el caso de León, donde la reducción de superficie alcanza el 26% respecto al pasado año, reflejando la dificultad para completar las siembras y el cambio de estrategia seguido por muchas explotaciones ante un escenario agronómico y económico cada vez más incierto.
A la reducción de superficie se ha sumado una caída generalizada de los rendimientos. La previsión media para Castilla y León se sitúa en 3.100 kilos por hectárea, frente a los 4.629 kilos obtenidos durante la extraordinaria campaña de 2025. El descenso ronda un tercio respecto al año pasado y también se sitúa un 12% por debajo de la media del último quinquenio. La evolución del cultivo durante la primavera y el tramo final del ciclo limitó el potencial de muchas parcelas, dando lugar a una cosecha con menores producciones por hectárea en prácticamente toda la Comunidad y alejando cualquier posibilidad de repetir los resultados obtenidos un año antes.
Las diferencias entre provincias vuelven a demostrar la diversidad agrícola de Castilla y León. Soria, Segovia, Ávila y Valladolid presentan las mayores caídas de producción, con reducciones cercanas al 50 % respecto a la campaña anterior. En el caso de Soria y Ávila, el desarrollo del cultivo estuvo especialmente condicionado por las condiciones meteorológicas, mientras que Valladolid acusa además el fuerte contraste con una campaña 2025 de rendimientos extraordinarios.
Por el contrario, Zamora y Burgos muestran una evolución relativamente menos negativa. Zamora reduce su producción un 38 % respecto al pasado año, aunque apenas un 8% frente a la media de los últimos cinco ejercicios, mientras que Burgos mantiene un comportamiento más estable gracias a unas condiciones más favorables.
Burgos volverá a situarse como la principal provincia productora de cereal de invierno de Castilla y León, con una cosecha estimada de 1,25 millones de toneladas. Le seguirán Valladolid, con 922.000 toneladas, y Palencia, con 758.000 toneladas. Entre las tres concentran más del 60% de toda la producción regional, confirmando el peso que siguen teniendo las grandes zonas cerealistas del norte y centro de la Comunidad. Estos datos vuelven a poner de manifiesto la importancia estratégica de estas provincias dentro del abastecimiento nacional de cereal y el papel que desempeñan en la economía agraria regional.
Por especies, el trigo continúa siendo el cultivo predominante con una superficie de 757.000 hectáreas, seguido de la cebada, con 662.000 hectáreas. La avena, el centeno y el triticale completan el mapa cerealista regional con superficies más reducidas, aunque siguen desempeñando un papel importante dentro de las rotaciones agrícolas. En cuanto a rendimientos, el trigo alcanzará una media de 3.300 kilos por hectárea, mientras que la cebada se situará en torno a los 3.000 kilos. Esta última ha sufrido una mayor reducción debido al escaso ahijamiento registrado durante la campaña, mientras que avena, triticale y centeno presentan rendimientos estimados de 2.500, 2.500 y 2.100 kilos por hectárea, respectivamente.
Sin embargo, el balance de la campaña no puede analizarse únicamente desde el punto de vista productivo. La menor cosecha coincide con un escenario de rentabilidad muy ajustada para las explotaciones cerealistas. Los agricultores afrontan la comercialización del grano con unos costes de producción que continúan siendo elevados, especialmente en fertilizantes, energía, combustible y maquinaria, mientras las cotizaciones del cereal permanecen en niveles bajos.
La campaña vuelve a evidenciar la necesidad de adaptar el cereal a un escenario cada vez más variable. La combinación de lluvias persistentes, una evolución irregular del cultivo y unos rendimientos claramente inferiores demuestra la importancia de seguir avanzando en estrategias que permitan mejorar la resiliencia de las explotaciones.
La diversificación de cultivos, la elección de variedades mejor adaptadas y una gestión más eficiente de los recursos aparecen como herramientas cada vez más necesarias para mantener la competitividad de un cultivo que continúa siendo la base del secano.