ANDRÉS, GANADERO EN ZAEL
"La ganadería regenerativa reduce costes. Las vacas viven mejor y yo también"
Andrés destaca la calidad de una carne equiparable en omega 3 al salmón
Andrés Gómez tiene una explotación ganadera en Zael.
A los 27 años, Andrés Gómez decidió dejar su trabajo en una multinacional para cumplir el sueño de ser ganadero, pero no quería una granja tradicional. Desde el principio tuvo claro que la ganadería regenerativa era el camino. Hoy, diez años después, lo confirma. «La ganadería regenerativa es clave para reducir costes. Las vacas viven mejor y yo también», señala.
Ingeniero técnico agrícola, Andrés completó su formación con un máster en ganadería ecológica. «Durante tres años estuve formándome en la ganadería regenerativa, que en 2016 acababa de llegar a España, y visité a los pocos ganaderos que la practicaban», recuerda.
La ganadería regenerativa es un modelo de producción que surgió en Estados Unidos, Australia, Sudáfrica y Zimbabue, y que busca restaurar la salud de los ecosistemas mientras se obtienen alimentos de origen animal. La teoría llevada a la práctica se basa en un pastoreo planificado y acotado con pastor eléctrico. «Estas estrategias favorecen la recuperación de la fertilidad del suelo, aumentan la biodiversidad y mejoran la capacidad del terreno para retener agua, reduciendo la erosión y fortaleciendo la resiliencia frente a sequías y otros eventos climáticos», defiende.
Las vacas también lo notan. «Intentamos imitar a la naturaleza y al comportamiento de los grandes herbívoros, como los ñus o las cebras. Ellos se mueven continuamente en manada para evitar el ataque de los depredadores y, por eso, comen vorazmente sin seleccionar, porque temen convertirse en presa. Aquí hacemos lo mismo; con los pastores eléctricos vamos llevándolas por pastos en parcelas relativamente pequeñas para evitar que seleccionen», detalla.
A la hora de calcular la superficie diaria, el ganadero analiza el volumen de comida que van a tener. «Si hay mucha, con 3.000-4.000 metros cuadrados tenemos para las 200 vacas que sumamos entre mi socio, Mario, y yo. Si hay poca comida, podemos ampliar hasta 10 hectáreas», concreta.
De esta forma, el suelo respira. «Como hacemos un recorrido amplio, tardamos un año o año y medio en volver a una zona; eso nos ayuda a regenerar la tierra de forma natural y evita, además, enfermedades a las vacas, ya que no comen donde defecan. Es una armonía perfecta entre el suelo, las plantas y los animales», sostiene.
Para poder llevar a cabo este pastoreo controlado, Andrés y Mario pagan cada año por pasar por pastos y rastrojeras, las tierras de labor cuando se retira el cultivo. «Tenemos la base en el pueblo de mi abuelo, Zael, pero luego pastoreamos por varios pueblos colindantes», señala, a sabiendas de que no es una zona fácil. «Aquí el cultivo del cereal es el dominante», apunta.
TANTO OMEGA 3 COMO EL SALMÓN
La ganadería regenerativa también beneficia al consumidor. «A diferencia de los terneros que van a cebadero, donde cogen peso a base de cereales, paja y leguminosas, aquí las vacas solo comen hierba y, como mucho, algo de paja, y eso se nota tanto en el sabor y la ternura de la carne como en sus propiedades. Esta carne es mucho más sana; solo en omega 3 es equiparable a comer salmón», señala.
La parte menos positiva de este modelo regenerativo está en la viabilidad de los primeros años. «Los tiempos de producción son más largos. Aquí, al no tirar de suplementos, tardamos tres años en lograr el peso para el sacrificio, pero luego ahorramos mucho en costes y, al estar siempre al aire libre y alternar pastos, hay menos problemas sanitarios», señala, sin olvidar el otro punto flojo. «Este sistema te obliga a limitar los periodos de venta. Nosotros vendemos desde primavera a diciembre y luego toca tirar de colchón», asegura.
Para aprovechar el mayor rendimiento del campo, Andrés traza un itinerario que comienza en invierno, en el resguardo de las zonas de monte, y termina en verano, a la sombra del frescor de las riberas del río. «Aunque en invierno hay menos comida, siempre hay. Nuestra carne es 100% pasto por lo que la inclusión de cereales o piensos no tiene cabida bajo ningún concepto», subraya.
A su favor, continúa, está el hecho de no necesitar una nave o demasiada maquinaria, solo un tractor con una cuba para llevar el agua. Mención especial merece también la fertilidad de unas vacas que, al estar en extensivo, llegan a los 18-20 años. «Nada que ver con una vaca lechera, que normalmente no vive más de ocho», apunta.
La venta la tiene casi asegurada, pero el precio no es más caro que la carne de vacuno normal. «Podemos ofrecer precios populares porque tenemos costes de producción bajos y apenas hay intermediarios. Solo trabajamos con los carniceros que nos hacen los despieces y vendemos directamente al consumidor en Burgos, Lerma y Aranda, a través de WhatsApp y por kilos de carne fileteada al vacío», anima, orgulloso ante este modelo de negocio que garantiza el kilómetro cero.
"Aquí soy libre"
Aunque Andrés comenzó solo, desde 2021 cuenta como socio con su amigo Mario Hernando Díez. «Somos ganaderos independientes, pero juntamos las dos cabañas de vacas en un mismo rebaño y compartimos trabajo, gastos, el tractor que tenemos a pachas y la paja, calculando siempre el porcentaje de los animales que tiene cada uno. Luego nos cubrimos los fines de semana. Es una buena fórmula», afirma.
Hasta llegar a este punto, ha tenido que pasar años de sufrimiento. «Para ahorrar, tuve que compaginar el cuidado de las vacas con otros trabajos como comercial, tractorista, alguacil y en hostelería. Fue una época muy dura», recuerda.
A sus 37 años, Andrés no cambiaría esta vida por nada. «Tenía un trabajo en una multinacional. Era el típico trabajo que cualquier madre querría para su hijo, pero yo me ahogaba. Aquí soy libre, me organizo y, en el pueblo, es verdad que la vida no es idílica, pero soy feliz. Desde que estoy aquí no he vuelto a tener la sensación de lamentar que mañana sea lunes».