«Mi primer año en ecológico no ha sido fácil, pero espero una cosecha de calidad y cantidad»
El viticultor Javier Arroyo tiene 33 hectáreas en el Páramo de Corcos, en la provincia de Burgos
El viticultor burgalés Javier Arroyo, en una de sus viñas.
Para Javier Arroyo, este año es especial. «Estoy en conversión y es mi primera cosecha en ecológico», asegura ilusionado, porque, pese a haber sido un año extremadamente complejo, la viña «tiene muy buena pinta». «Tiene muy buena calidad y, en rendimiento, aquí estaremos entre los 5.000 y los 5.500 kilos por hectárea».
El también alcalde de Moradillo heredó la pasión por el campo de su padre. «Ser agricultor es como ser médico, maestro o cura. Es algo vocacional. Yo, en mi caso, asumí la explotación cuando mi padre se jubiló y, poco a poco, he ido creciendo».
Castilla y León
Los vecinos de León y Zamora no se animan a consumir tras el golpe de los incendios
Diario de Castilla y León | El Mundo
En la actualidad, trabaja 70 hectáreas de cereal y 33 en viñedo en el Páramo de Corcos. «Tengo todo Tempranillo, menos tres hectáreas de Merlot».
Nadie en la Ribera del Duero lo duda: no ha sido un año fácil. «En el Páramo de Moradillo ha sido muy complicado. Ha llovido muchísimo y en momentos especialmente delicados, como en mayo y junio, cuando la planta empezaba a brotar, pero, como había mucho agua, aplicamos los tratamientos, pero no cuando lo pedía la planta».
Con una lluvia que no ha dado tregua, este año la Ribera, como otras regiones vinícolas de España, ha tenido que lidiar con un invitado inesperado: el Mildiu. «Hacía mucho tiempo que no teníamos un ataque así, pero ya hubo uno allá por 1986, que acabó con el 80% de la cosecha. Dicho esto, el cambio climático obliga y tenemos que aprender a convivir con él», señala con la mirada puesta en errores que perjudican, como arar la viña cuando hay humedad. «Hace que el hongo se propague».
Estar en ecológico supone un desafío extra. «En tradicional es más fácil, bueno, casi podemos decir que ‘era más fácil’, porque todo lo que funciona Europa lo prohíbe y, al final, tienes que echar los productos dos o tres veces para que sean eficaces; lo que supone más coste para el viticultor y más contaminación para el planeta. Yo, en ecológico, solo puedo tirar de cobre, como prevención, y ya, cuando está el hongo, de algún secante». Lo que no se puede entender, añade, es que, mientras España cumple con las exigencias de Europa, países como Francia «tratan como quieren».
La incógnita del precio
Del precio, por el momento, nada se sabe, «porque nadie se atreve a poner una cifra». «El hecho de que haya subido las contraetiquetas es, sin duda, una buena noticia, pero la incertidumbre del consumo de vino tinto, en favor del blanco, hace que las bodegas estén siendo precavidas. Toca esperar». En su opinión, el viticultor debería conocer el precio de su uva antes de cortar, «pero no siempre es así».
La vendimia, eso sí, no espera. «El lunes, 8 de septiembre, ya vi alguna máquina entre La Aguilera y Gumiel para coger el blanco, y entiendo que todo dependerá de las lluvias. Si cae un chaparrón, que vendría bien para el arreón final, se podría retrasar a principios de octubre».
Las buenas expectativas del viñedo se topan con un cereal que este año se ha dado de bruces con el precio. «En cantidad, ha sido una cosecha histórica. En Moradillo, la media estaba normalmente en 3.500 kilos/hectárea, pero este año hemos superado los 5.000. En la vida había cogido tanto y no creo que lo vuelva a ver. Ha sido un hito y, sin embargo, el precio, que han puesto a 175 euros la tonelada, nos deja, como siempre, al límite».
Por mucho que se empeñen, las cuentas no salen. «Con este cálculo, la hectárea no llega a mil euros y los gastos rondan los 900, y lo peor es que no hay expectativas de que vaya a subir», señala convencido de que gran parte del precio se debe a la gestión del Gobierno de España, «que se empeña en financiar la guerra de Ucrania». «Cuando la guerra empezó, estaba a 240 euros/tonelada, pero ahora, como entran cantidades bestiales sin aranceles por los puertos, el precio se ha desplomado», advierte.
En la cuenta de resultados afectan, además, otros factores internacionales, como la subida de precio que Rusia ha impuesto a uno de los componentes del abono. «Ha subido unos 60 euros y, si necesitas para 500 kilos, calcula», lamenta sin olvidar otros incrementos como el hierro y los productos fitosanitarios. «Antes un litro de glifosato costaba 3 euros y ahora 8, y la PAC lleva dos años bajando, por lo que todo afecta a la rentabilidad. A mí no me gusta ser pesimista ni despertar lástima, pero el campo necesita ayuda y precios justos. No queremos ser ricos, solo necesitamos poder mantener a nuestras familias».