VITICULTURA
«Plantar una hectárea de viñedo cuesta de inicio, a día de hoy, entre 20.000 y 25.000€»
Víctor Fernández está plantando en Burgos dos hectáreas de Garnacha para completar las 3 que ya tiene de Tempranillo
Víctor posa con su hermano Alejandro en su nueva plantación de viñedo
Terminadas las interminables lluvias, Víctor Fernández Vallelado es uno de los viticultores que estos días está aprovechando para plantar viñedo. «Con mi hermano Alejandro estamos plantando dos nuevas hectáreas», explica, con el reto de dar el salto y montar en un futuro no muy lejano su propia bodega. «Ya hemos elaborado la primera añada y esperamos poder salir al mercado en la campaña de Navidad».
Con 5 hectáreas se conforma, por el momento. «Vamos a ver cómo avanza y evoluciona el mercado, y todo en general, porque ya estamos viendo otras denominaciones de Origen como Rueda, La Mancha o Rioja, donde están quitando viñas».
Pero, ¿cuánto cuesta plantar a día de hoy un viñedo? Una hectárea en Ribera sale por 20.000-25.000 euros. «Pero es la inversión inicial, luego hay que sumar el mantenimiento hasta que empieza a producir al cuarto o quinto año», puntualiza.
A diferencia de las primeras 3 hectáreas, que son 100% Tempranillo, en esta ocasión se han decantado por la variedad Garnacha. «Estamos apostando por la tendencia del consumo que demandan los jóvenes: vinos más ligeritos, más fáciles de beber, en los que prevalezca la fruta, y ahí la garnacha juega un papel principal a la hora de ganar acidez y PH. Es un gran complemento para la Tinta Fina», sostiene, con un cálculo para sus vinos de 90% Tempranillo y 10% de Garnacha.
La nueva parcela se encuentra a 800 metros de altura. «Al no seguir una línea recta, hemos optado por el sistema Keyline, que aprovecha mejor las curvas de nivel», señala, consciente de que ese proceso acarrea un gasto extra al tener que pagar a una empresa para que diseñe el trazado. «Solo en eso se nos han ido 2.000 euros».
En este tipo de formatos no se puede optar por la espaldera. «Aquí va a ser todo en vaso, y lo preferimos porque nosotros trabajamos para hacer vinos de calidad, y el vaso se nota», asegura.
A día de hoy, tiene 50% en espaldera y un 50% en vaso. «En espaldera tienes la ventaja de la mecanización y que no dependes tanto de la mano de obra, pero afortunadamente tenemos una cuadrilla fija que trabaja todo el año. Es la única manera de tener cierta garantía».
A la hora de plantar una viña es importante tener en cuenta las lluvias. «La tierra tiene que estar húmeda, pero no empapada, porque si está pesada luego no cierra el surco y se muere. Lo ideal es que llueva justo después, pero no siempre ocurre. En esta ocasión, por ejemplo, con todo lo que ha llovido hemos tenido que retrasar mucho», señala, al recordar que en España hay muy pocos plantadores.
«Es difícil, porque tienes que cuadrar con el plantador, con el vivero para que te envíe las plantas a tiempo, porque no pueden estar más de una semana sin plantar, y luego la lluvia. Es un poco estresante».
Aunque justo después ha llegado una inesperada ola de calor, el sistema de Keyline ha ayudado, porque retiene más el agua al evitar las escorrentías. «Aunque estamos en secano, si en los primeros tres veranos hace mucho calor, tendremos que regar como podamos».
Por el momento no está vallado, pero sabe que tarde o temprano lo tendrá que hacer, «aunque incremente los costes», «porque está lleno de corzos». «Tenemos un serio problema con los corzos. No hay cazadores y la administración solo pone trabas, y es un problema porque están acabando con muchos cultivos».
Precio de la Uva
Aunque todavía quedan meses para la vendimia, el debate sobre el precio de la uva es un tema recurrente que preocupa a todos los viticultores. «El precio lo marca casi siempre la cantidad. Este año, con lo que ha llovido, se prevén kilos, pero hay que esperar, porque siempre pueden llegar heladas o pedriscos, como el año pasado, y se regula. El año pasado estábamos entre 1,40 y 1,50 euros el kilo, que está bien porque hay margen, pero los costes, como el abono o el gasoil, están subiendo mucho, y la mano de obra se está disparando. Si el precio no se mantiene, se perderá calidad porque se dejarán de hacer trabajos en el campo que son importantes. Yo, desde luego, ni lo pienso, porque tenemos muy claro que nuestra filosofía es apostar y trabajar por la calidad, pero es un riesgo que puede darse».
Mención especial merece la burocracia. «Es terrible. Cada vez es peor. Nosotros somos jóvenes, tenemos 26 y 21 años, y aunque nuestra familia nunca se ha dedicado al campo, nos encanta lo que hacemos, pero la burocracia nos desespera. Te hunden entre papeles. No tiene sentido. Nosotros tenemos que estar en las viñas», termina.