RESERVA BIOSFERA
Los Ancares Leoneses, 20 años de una apuesta por conservar el territorio
La Reserva de la Biosfera reivindica la lucha por la repoblación y la conservación del patrimonio rural
Panorámica de los Ancares Leoneses, de los que se cumple el XX Aniversario de la declaración como Reserva de la Biosfera.
“Para nosotros pertenecer a esta reserva ha significado formar parte de un proyecto que pone en valor el paisaje, la cultura y nuestra forma de vida”. Es la impresión de la alcaldesa de Peranzanes (León), Henar García, uno de los los cuatro municipios que forma parte de la Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses, figura que obtuvieron hace 20 años y que ha ayudado a entender, mejor, todo el valor de ese territorio, incluso a sus propios habitantes.
Vega de Espinareda, Villafranca del Bierzo y Valle de Ancares- antes Candín- completan el consorcio de esta reserva que desde hace dos décadas trabaja para mantener la esencia de este espacio y, sobre todo, garantizarle un futuro impulsando actividad sostenible que frene la despoblación del medio rural, uno de sus grandes problemas.
“Estos 20 años nos han servido para entender que si conservamos el territorio no solo ayudamos a proteger el monte o el paisaje, sino que ayudamos a cuidar a la población, mantenemos vivas las costumbres, nuestra identidad. Gracias a ello les acercamos servicios, como peluquería, podología, supermercados, pescaderías...todo eso es importante y da sensación de que hay futuro”, añade García, quien destaca la visibilidad que les ha dado pertenecer a la Reserva ya que, gracias a ello, se han impulsado actividades e iniciativas con las que se han podido transmitir tradiciones o patrimonio inmaterial.
Y es que los pueblos de estos cuatro municipios albergan mucho más que un paisaje impresionante y una rica naturaleza. Albergan historia, patrimonio cultural, artístico o inmaterial, con costumbres que, en muchos casos, estaban a punto de perderse y que ahora sus vecinos cuidan, protegen y perpetúan, como las fachizas y los maranfallos de Burbia, los maios de Villafranca o las danzas de Fornela.
Pero también se han desarrollado actividades educativas, medioambientales, de promoción del territorio y muchas otras, que han ayudado a dar vida al medio rural, informa Ical.
El alcalde de Vega de Espinareda, Javier Salgado, señala que pertenecer a este Consorcio y a esta Reserva “ha sido muy importante, un impulso, sobre todo turístico, económico, agroalimentario y ganadero” ya que hay muchos nuevos emprendedores en estos sectores y, los que ya estaban, se han “modernizado”, dice. “Ha crecido enormemente el tema de la apicultura y la miel”, añade.
Salgado también considera fundamental que los habitantes del territorio hayan tomado conciencia sobre la necesidad de cuidar su entorno. “Tienen mucha información a la que antes no llegaban, sobre todo del patrimonio inmaterial, la cultura de los cuatro municipios se está inventariando para que no se pierda y se están recuperando temas culturales de nuestros antepasados”, relata.
“Nosotros hemos sido uno de los impulsores y vamos a seguir empujando para cumplir los próximos objetivos”, afirma.
En Villafranca del Bierzo su alcalde, José Manuel Pereira, también destaca la importancia de pertenecer a la Reserva, que es “una forma de entender, gestionar y trabajar el territorio basada en la conservación de sus valores naturales, humanos y culturales. Nos sitúa en un ámbito internacional, poniendo en valor la riqueza ecológica de nuestro entorno y el compromiso de sus habitantes con un desarrollo sostenible”, asegura.
Y es que Pereira tiene claro que gracias a esta figura se está preservando todo el patrimonio, se mantienen vivas las tradiciones y celebraciones, en como los maios, “garantizando su transmisión a futuras generaciones”.
“La trayectoria ha sido claramente positiva y de crecimiento continuo. Se han abordando diferentes temas junto a la población y fomentando, especialmente, la formación y la divulgación científica a través del Comité Científico”, continúa Pereira, que destaca la labor desarrollada con distintos sectores.
Por eso cree que los objetivos se están cumpliendo aunque “como ocurre en cualquier proyecto de largo recorrido, siguen existiendo retos y aspectos en los que es necesario continuar trabajando. La despoblación, el relevo generacional, la dinamización económica y la adaptación a nuevos desafíos ambientales exigen mantener el esfuerzo y seguir construyendo sobre la base lograda hasta ahora”, indica.
Por último, desde el Ayuntamiento de Valle de Ancares también tienen claro que gracias a esta figura han ganado en visibilidad, aunque este municipio añade diversos matices ya que no están del todo conformes, según explica su alcalde, José Antonio Álvarez Cachón.
El principal problema reside en el nombre ‘Los Ancares Leoneses’, que considera que les ha perjudicado porque eso no existe. “El plural hay que quitarlo. Ancares solo hay uno, el de nuestro municipio”, afirma.
“Es un gran error y a nosotros nos perjudica muchísimo. Los Ancares, en plural, no han existido nunca, y el colmo es que se le hayan añadido Leoneses. Ha existido única y exclusivamente el Valle de Ancares, que es el único Ancares que hay. Todo lo demás es una fábula inventada por intereses económicos y esto nunca deberíamos haberlo permitido y habría que corregirlo”, reclama.
Álvarez lamenta que esa denominación de a entender que existen más de un Ancares “incluso fuera de la provincia de León”, algo que niega categóricamente. “Nosotros existimos como Valle de Ancares desde hace más de 1.000 años. En Lugo no existía nada”, insiste.
El regidor de Valle de Ancares también considera que incluso los vecinos de los otros tres municipios de la Reserva no se sienten ancareses, más allá de que sea bueno haberlos aglutinado en este Consorcio. “La Reserva engloba a cuatro municipios, que son el Valle de Ancares, el Valle de Fornela, el Valle de Burbia y Vega de Espinareda. Estamos confundiendo a la gente, que cree que todo es Ancares y eso es mentira. La población de esos ayuntamientos niegan ser ancareses. El fornelo quiere ser fornelo, el de Burbia quiere ser de Burbia y el de Villafranca quiere ser de su valle, como toda la vida”.
En todo caso, Álvarez está conforme con la gestión, aunque pide a las administraciones que estas figuras vengan acompañadas de ayudas económicas que, de verdad, sirvan para impulsar el medio rural. “Apenas hay subvenciones y a nosotros nos cuesta dinero pertenecer al Consorcio”, concluye.
Objetivos cumplidos
La conservación, el desarrollo sostenible, el apoyo logístico, la educación y la investigación científica. Son los objetivos principales que la Unesco obliga a cumplir a todas las Reservas de la Biosfera. A partir de ahí cada una de ellas se marca sus propias metas.
“Los principales puntos en los que trabajamos nosotros son el desarrollo socioeconómico de la población a través de la ganadería, el turismo, la apicultura y el apoyo al emprendimiento. Tenemos marca propia. Trabajamos seminarios, ofrecemos mucha formación y sensibilización a la población”, explica la gerente de la Reserva de la Biosfera de los Ancares Leoneses, Susana Abad, quien recuerda que el proceso para logar esta figura, otorgada por la UNESCO, fue largo pero contó con el trabajo y apoyo de los cuatro ayuntamientos.
“El proceso es muy largo. Cualquier territorio que quiera conseguir este título debe impulsar esta petición. En este caso partió de los cuatro ayuntamientos que lo integran, junto a la Junta de Castilla y León. Se hizo la solicitud, presentando un informe previo en el que se detallan las características del territorio y el potencial. Por qué creen que deben ser Reserva de la Biosfera”, dice Abad. Lo consiguieron en 2006.
A partir de ahí, el consorcio debe autoevaluarse cada dos años para comprobar que los objetivos marcados se están cumpliendo. Actualmente se trabaja en el Plan de Acción 2022-2026. “Los objetivos se acoplan a planes vigentes a nivel nacional, que nos guían. Hay varios ejes operativos, como que se mantenga el funcionamiento del consorcio, la organización de la reserva, el comité científico, y el consejo de participación, donde está toda la población”, especifica la gerente.
La Unesco también se encarga de comprobar que los objetivos se cumplen y lo hace cada diez años, con lo que este año, 2026, deberán pasar ese ‘examen’.
Eso sí, Abad aclara que el Consorcio de la Reserva no tiene capacidad de prohibición de ningún tipo, idea que está muy arraigada entre la población y que, en algunos casos, temen que pertenecer a ella les impida hacer ciertas cosas.
“Esto es un título. Quien gestiona el territorio y marca las limitaciones en materia ambiental es la Junta de Castilla y León. A nosotros lo que nos piden es que tengamos esa base legal. El Servicio Territorial de Medio Ambiente marca lo que se puede y no hacer”, aclara.
Esto es así porque este territorio no es solo Reserva de la Biosfera. Hay zonas que cuentan con otras figuras de protección, que sí son más restrictivas, como la Red Natura 2.000.
“Tenemos tres zonas principales. La zona núcleo, que es la que tiene que estar muy protegida, que corresponde a las partes altas de la montaña, que es Red Natura, Reserva Nacional de Caza, Lugar de Interés Comunitario, ZEPA y está dentro del Plan de Recuperación del Oso Pardo”, señala.
Las otras dos zonas son las tampón y la de transición, donde se desarrolla toda la actividad y está la población.
“Nosotros solo somos vigilantes de que las cosas funcionen bien. Solo somos un consorcio de cuatro ayuntamientos”, insiste Abad.
El balance
La gerente de la Reserva hace un balance positivo de estos 20 años. “Creo que ha empoderado mucho a la gente. Ser reserva les ha ayudado a entender que su territorio es un lugar maravilloso, que pueden aprovechar sus recursos y vivir aquí, con las dificultades que entraña. Ahora valoran más la naturaleza, su tradiciones, el patrimonio cultural...”, dice Abad, quien lamenta que tienen que seguir lidiando con el problema de la despoblación. Aún así, han logrado tener servicios que hace dos décadas eran impensables.
“Uno de los puntos fuertes ha sido la puesta el valor del patrimonio natural, cultura e inmaterial, que ahora es más conocido. Hace 20 años que hubiese un festejo no lo veían importante y ahora se cuidan los entroidos, las formas de trabajo, el teitado….todo eso intangible que aún se conserva”, afirma.
Eso sí, aún quedan retos por delante, “especialmente en sitios pequeños”, asegura Abad, “pero nos ha hecho mirar de otra forma nuestro territorio, no como un lugar olvidado sino como un lugar con un enorme valor cultural y humano. Nosotros mismos no éramos conscientes de ello. Mirábamos con vergüenza y ahora es un orgullo”, concluye.
A ello se añade un nuevo reto: la lucha contra los incendios forestales, cada vez más habituales y agresivos y que precisamente este verano afectó a parte de la Reserva, entre los municipios de Villafranca y Vega de Espinareda.