Estadística
Más bebés y menos fallecidos: el INE da un respiro al invierno demográfico de Castilla y León
Con 7.497 nacimientos frente a 16.642 defunciones, la pérdida neta es de 9.145 habitantes hasta julio
Castilla y León aporta el 4,05% de los alumbramientos del país, pero asume el 6,38% de los decesos
Una mujer pasea con un carrito de bebé en un parque.
Un leve alivio en mitad del invierno demográfico. Las últimas estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrecen una pequeña tregua a Castilla y León: en los siete primeros meses de 2026 nacieron más niños y fallecieron menos personas que entre enero y julio del año anterior.
Los datos más recientes no cambian la abrumadora brecha estructural de una Comunidad donde las defunciones continúan duplicando con holgura al número de nacimientos, pero ofrecen un nuevo mes de dinámicas inversas a las habituales. En concreto, entre enero y julio la región contabilizó 7.497 nacimientos, lo que supone un repunte interanual del +2,40% en comparación con los 7.321 bebés registrados en los mismos meses de 2025. En el conjunto de España, la subida fue más moderada, quedándose en un +1,39% tras alcanzar los 184.990 alumbramientos acumulados. Solo en el mes de julio, la comunidad sumó 1.200 nacimientos (un listón mensual que llevaba cuatro años sin alcanzar).
Por el lado de la mortalidad, las estimaciones mensuales también muestran una evolución favorable. Castilla y León acumuló 16.642 fallecimientos en los siete primeros meses del año, lo que representa un descenso del -2,42% respecto a las 17.056 defunciones del año previo. Esta caída contrasta con el ritmo de reducción del total nacional, donde la mortalidad descendió un -0,81% en el mismo tramo.
Pese a este doble indicador en números en verde, la balanza biológica regional se mantiene teñida de rojo. Con 7.497 nacimientos frente a 16.642 fallecimientos, el saldo vegetativo acumulado hasta julio arroja una pérdida neta de 9.145 habitantes.
Las cifras reflejan la profundidad del desequilibrio: Castilla y León aporta el 4,05% de los nacimientos del país, pero asume el 6,38% de las defunciones, lo que la lleva a concentrar el 12,05% del déficit vegetativo total de España.
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Este pequeño respiro de 2026 apenas atenúa la tendencia de fondo que arrastra la región. Las series del INE detallan cómo la Comunidad ha pasado de registrar 17.827 nacimientos en 2013 a 14.323 en 2019 y 12.656 en 2025, acumulando un desplome de la natalidad superior al 29% en algo más de una década.
Los informes estadísticos del INE se centran en el recuento de las inscripciones en los registros civiles y no entran a evaluar factores sociológicos, migratorios o de políticas públicas. El repunte de los nacimientos puede responder a una variabilidad coyuntural habitual en las estimaciones de corto plazo. No sería la primera vez. En la última década, Castilla y León ya ha experimentado repuntes puntuales de la natalidad en meses concretos (como se observó a principios de 2018, en 2022 o a comienzos de 2024), sin que esos rebotes hayan alterado la tendencia estructural de fondo.
Por otro lado, la reducción de la mortalidad está condicionada por la elevada concentración de las defunciones en las edades más avanzadas, ya que casi el 70% de los fallecidos en la región supera los 80 años y cerca del 39% tiene 90 o más. En un colectivo tan envejecido, las cifras anuales son especialmente sensibles a factores estacionales, como la menor incidencia de olas de calor o de infecciones respiratorias invernales, así como a las propias oscilaciones en el tamaño de las cohortes de mayor edad.
Si observamos las edades de los fallecimientos, la estadística constata el mayor envejecimiento. Casi cuatro de cada diez fallecidos tenían 90 o más años (un 38,96% del total, con 6.483 defunciones), una proporción que supera en casi nueve puntos la media española, donde las muertes de nonagenarios o centenarios representan el 30,35%. Si ampliamos el abanico a los mayores de 80 años, el porcentaje roza el 70% en la región (11.527 personas, el 69,26%), frente al 62,18% del conjunto del país.
En el extremo opuesto, la mortalidad prematura –por debajo de los 65 años– resulta menor (un 9,41% de las bajas) que en el promedio estatal (12,92%).
En el reparto por sexos, las cifras globales muestran un equilibrio casi simétrico, con 8.365 hombres fallecidos (el 50,26%) y 8.277 mujeres (el 49,74%), una distribución calcada a la del conjunto de España. Sin embargo, la brecha de género emerge al cruzar sexo y edad. Más de la mitad de las mujeres que muere en Castilla y León (el 50,51%, con 4.181 fallecidas) pierde la vida habiendo cumplido ya los 90 años, diez puntos por encima de la tasa femenina nacional (40,35%). Entre los hombres, aunque la longevidad también es superior a la del país, el porcentaje de quienes fallecen a partir de los 90 se queda en el 27,52% (2.302 personas).
Detrás de las cifras de natalidad se observa un perfil distinto en las madres de Castilla y León, que aplazan el momento de tener hijos más que en el resto del país. Mientras en el conjunto de España el tramo principal de maternidad se sitúa entre los 30 y los 34 años (con un 33,17% del total de alumbramientos), en Castilla y León el grupo hegemónico pasa a ser el de mujeres de 35 a 39 años, que concentran el 31,39% de los bebés nacidos en la Comunidad (2.353 niños).
Esta basculación hacia edades más avanzadas amplía la brecha en lo que se considera maternidad sénior o tardía. En Castilla y León, el 42,59% de los bebés (3.193 de los 7.497 registrados en los siete primeros meses del año) nacen de madres con 35 años o más. En el conjunto de España, ese porcentaje baja hasta el 39,91% (73.834 de 184.990).
La diferencia se aprecia también entre quienes deciden tener hijos a partir de los 40 años: en Castilla y León suponen el 11,20% de los alumbramientos acumulados hasta julio (840 nacimientos), casi un punto por encima de la tasa estatal (10,33%). Por contra, la maternidad joven, por debajo de los 25 años, representa solo el 9,88% de los partos en la Comunidad, en línea con la media del país.
En el detalle territorial, la radiografía autonómica desvela dinámicas muy desiguales entre las nueve provincias. Aunque el patrón general de brecha entre altas y bajas se mantiene en todo el mapa, la intensidad del repunte de la natalidad y el freno de la mortalidad dibuja dos velocidades.
Ávila
La provincia abulense firma una de las pautas más dinámicas de la comunidad en lo que va de año. Entre enero y julio de 2026 sumó 535 nacimientos acumulados, lo que supone un destacado repunte del +9,86% respecto a los 487 alumbramientos del mismo tramo de 2025. De forma paralela, las defunciones descendieron un -6,22%, acumulando 1.161 fallecimientos.
Pese a este doble impulso positivo, la provincia arrastra un saldo vegetativo negativo de -626 personas, donde los fallecimientos aún duplican holgadamente a las nacidas.
Burgos
Burgos muestra una sólida tendencia de recuperación en la natalidad, situándose como la segunda provincia con mayor volumen absoluto de bebés. Registrar 1.288 nacimientos en los primeros siete meses representa un incremento interanual del +7,44%.
A esto se añade un descenso de la mortalidad del -4,26%, con 2.700 defunciones acumuladas.
El déficit vegetativo se fija en -1.412 habitantes, mitigado por el dinamismo de los nacimientos.
León
El territorio leonés encarna la brecha demográfica más pronunciada de la región. Con 1.183 nacimientos acumulados, la natalidad experimentó una leve contracción del -0,92% en comparación con 1.194 del año previo.
A pesar de que la mortalidad bajó un -3,08% hasta las 3.841 defunciones, la distancia entre ambas variables genera un saldo vegetativo de -2.658 personas, el más abultado de la comunidad autónoma, donde los fallecimientos duplican con creces a los nacimientos.
Palencia
Palencia se coloca entre los territorios que no logran sumarse al respiro coyuntural de 2026. La natalidad descendió un -1,25%, sumando 454 nacimientos acumulados hasta julio.
Al mismo tiempo, las defunciones aumentaron un +2,38%, alcanzando 1.418 fallecimientos. Esta combinación amplía el saldo vegetativo negativo hasta las -964 personas.
Salamanca
La provincia salmantina transita por una fase de relativa estabilidad en niveles de elevado déficit. Los nacimientos llegaron a 961 acumulados, con un modesto ascenso del +0,60%, mientras que las defunciones descendieron ligeramente un -0,64%, hasta las 2.817 muertes. El balance vegetativo resultante arroja una pérdida de -1.856 habitantes.
Segovia
Segovia presenta uno de los balances relativos más favorables de la región. Los alumbramientos aumentaron un +9,39%, alcanzando 580 nacimientos acumulados, al tiempo que la mortalidad se redujo un -7,84%, acumulando 1.175 defunciones. A pesar de recortar distancias, el saldo vegetativo continúa en números rojos con -595 personas.
Soria
Soria encabeza el crecimiento porcentual de la natalidad en Castilla y León tras registrar un repunte del +11,08%, acumulando 315 nacimientos hasta julio. Sin embargo, el volumen de defunciones creció un +3,71%, situándose en 978 fallecimientos. La pequeña escala de la provincia deja el saldo vegetativo en -663 habitantes.
Valladolid
Valladolid concentra las mayores cifras absolutas de la Comundiad. Registró 1.811 nacimientos acumulados (un incremento del +1,37%) y 3.910 defunciones (un aumento del +2,36%). La provincia asume la segunda mayor brecha vegetativa regional, con una pérdida neta de -2.099 personas.
Zamora
Zamora sufre el deterioro demográfico más agudo en lo que a natalidad se refiere. Los alumbramientos cayeron un -13,13%, acumulando apenas 359 nacimientos en siete meses. La caída del -6,81% en la mortalidad (hasta las 1.478 defunciones) no impide que el saldo arroje déficit de -1.119 habitantes.