CÁNCER DE PIEL

El cáncer de piel mata un 21% más que hace un lustro en Castilla y León

Los tumores cutáneos alcanzaron su mayor mortalidad el último año, con 196 fallecidos, de los que el 75% superaban los 70 años. «Hay que protegerse la piel en las horas centrales del día», insisten desde la asociación AECC Valladolid

Una consulta de un hospital vallisoletano.E.M.

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Valladolid

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Cuando éramos niños, el término de ‘fotoprotección’ no formaba parte de nuestro vocabulario. Sí del de madres y padres, que nos untaban por completo con cremas solares para que el sol, con una imagen poco amenazante desde ojos prematuros, no dejase ningún rastro de su poder en las pieles. Pero esa rutina tenía fecha de caducidad, limitada prácticamente a cuando tocaba desplegar las toallas en las playas y piscinas, mientras en el resto del año los botes no se movían del armario. Una omisión común en las pautas de prevención que puede derivar a la larga en algún tipo de cáncer de piel, que en conjunto dejó un reguero de 196 muertes el año pasado en Castilla y León, un 21% más que hace cinco años.

Desde su despacho, con el cartel de gerente en la Asociación Española contra el Cáncer en Valladolid, Luisa Lobete es casi como una experta en esta enfermedad. Y no porque cada día se encuentre lo más cerca posible de testimonios y experiencias, sino porque ella es un caso más entre las gráficas que se construye en base a incidencias y prevalencias. Aunque realmente la conjugación del verbo debe ir en pasado porque ella fue diagnosticada de un basalioma, también llamado carcinoma basocelular, hace más de un año.

«Está ya superado», dice con firmeza a través del teléfono. Y no es para menos, porque el suyo era la forma más frecuente de cáncer de piel, con una incidencia de alrededor de 250 casos por 100.000 habitantes al año, según los últimos disponibles en el Observatorio AECC.

Antes del satisfactorio final de su historia conviene comenzar desde el principio y llevar las mentes hasta Cádiz, donde Luisa vivió de pequeña. Ella, una niña «blanquita», contra el sol de la parte más occidental de la comunidad andaluza. Nada que temer hoy en día con una crema solar de Factor 50 a mano, pero en su pasado no era esa la primera opción. «Cuando yo tenía de 5 a 10 años, lo que había para protegerte del sol era la lata de NIVEA de toda la vida», recuerda.

Ese icónico recipiente de metal de color azul tenía –y tiene– una textura similar a un protector solar, sin embargo, no podía utilizarse como tal al tener uso más ligado a la hidratación de la piel. Así, poco a poco, la piel de Luisa fue recibiendo un daño solar gradual pese a no ser perceptible más allá de las «quemaduras» que podía sufrir.

Con el tiempo, a la edad de 62 años, esa radiación prolongada terminó aflorando en su dermis, en la zona entre su cuello y hombro. «Llevaba unos meses en los que había notado como un ‘eccema’ en la piel. Unas veces me picaba, otras se escamaba», relata. Optó, entonces, por solucionar su problema con diversas cremas hidratantes, pero no funcionaron.

Decidida a acabar con lo que se pensaba que era un caso de dermatitis atópica, acudió antes al dermatólogo para seguir el correspondiente tratamiento. Pero no resultó ser un ‘eccema’, sino un cáncer de piel. «Nada más verlo, me dij0:‘No, esto es un carcinoma basocelular’», recuerda la afectada, que sufría de esta forma el efecto acumulativo de la radiación solar a la que se expuso durante su infancia. Solo hay que ver los rangos de edad de la incidencia de los distintos cáncer de piel para ver que, si bien no entiende de edad, la mayor incidencia se produce en la población adulta con más de 70 años, con 154 de 196 muertes registradas en Castilla y León el pasado año.

Por franjas de edad, un peso en las últimas muertes registrados también se concentra en las personas de entre 85 y 89 años, con 37, y de 90 a 94, con 32. En cambio, la escala va a menos según se va reduciendo las escalas de edad, con 18 víctimas de 70 a 74 años; 11, de 65 a 69; 10, de 60 a 64; y 8, de 55 a 59. Sólo el continuo descenso se ve interrumpido entre la franja de 45 a 54 años, con cuatro muertes acumuladas que se ven superadas por los seis fallecidos que tenían de 30 a 39 años.

La línea ascendente según la edad también se presenta en la evolución de las muertes contabilizadas en Castilla y León por el Instituto Nacional de Estadística. Así, entre 2024 y 2025, el repunte es de un 15,3%, con 26 fallecidos por melanoma benigno y otros tipos de cáncer de piel; mientras que si el horizonte se amplía a cinco años atrás, la diferencia es aún mayor, con un 21% por sumar 34 víctimas. Entre medias se sitúa la comparación con diez años atrás, con un 18% de crecimiento.

Los diferentes incrementos no responden a la aparición de nuevos y efectivos tratamientos, como el recibido por la gerente de la Asociación Española contra el Cáncer en Valladolid, a quien recomendar usar una crema de Imiquimod, que pertenece a una clase de medicamentos llamados modificadores de la respuesta inmunológica. «En cuestión de nueve días, la piel había reaccionado», afirma Luisa Lobete, reconociendo a su vez que no presenta ninguna «marca» en su dermis tras cinco meses de tratamiento. No obstante, sigue con revisiones por la posible aparición de «manchas» en otras zonas escamadas de la piel. «Sobre todo en la cara y el cuello, porque el carcinoma basocelular se presenta especialmente en aquellas zonas que están muy expuestas a la luza solar», explica.

De hecho, Lobete reconoce que le han mandado repetir el tratamiento con Imiquimod en la zona del verno, pero será posterior al verano debido a la incompatibilidad entre esta crema con el protector solar. Pero a pesar de este contratiempo, ella se considera afortunada. «Hay personas en las que reaccionan rápidamente el sistema inmunitario y otras en las que tarda más tiempo en reaccionar el tratamiento, incluso en las que hay que pararlo por la aparición de algún tipo de ampolla. En mi caso, aunque ha sido muy rápido, aprovechamos para hacer una revisión de todo mi cuerpo para ver si aparecía algún tipo de lesión y yo no la notara, y al final me han encontrado un par de manchas en el brazo que tendremos que ir vigilando en los próximos meses para ver si no es nada o pudiera ser otro carcinoma», expresa.

Esa «fortuna» de la que habla Lobete también se debe al tipo de carcinoma que sufrió, que si bien es el más frecuente a su vez es uno de los menos mortales, con una tasa de supervivencia relativa a 5 años cercana al 100%. No ocurre lo mismo con el melanoma cutáneo, un cáncer menos corriente pero con un comportamiento más agresivo ya que puede propagarse a otras partes del cuerpo a través de metástasis. Este último tipo fue diagnosticado a 346 personas en Castilla y León en el año 2024. Y tras una tendencia ininterrumpida de crecimiento, con 336 casos registrados hace cinco años y 319 hace una década, su tendencia futura no contrae las gráficos al estimarse 353 en 2030, según las estimaciones de la Asociación Española contra el Cáncer.

En un desglose por provincias, el INE detalla que Valladolid y León lideran la estadística en cuanto a fallecimientos por los distintos cáncer de piel, con 39 cada provincia en el último año. Les siguen Burgos (29), Salamanca (23), Segovia (18), Ávila (17), Zamora (14), Soria (9), y Palencia (8).

En su desglose, la mayor incidencia se produjo en hombres, con 106 víctimas, por 90 de mujeres; mientras que por rango de edad, más de un 75% de las muertes se produjeron en personas con más de 70 años.

Con esa perspectiva, Luisa Lobete lanza un alegato a las personas mayores para que hagan una revisión de su piel. «Si hemos sufrido quemaduras durante nuestras etapas infantiles, tenemos la posibilidad de que esas lesiones aparezcan ahora. Tenemos que cuidarnos, hacer una revisión de nuestra piel, y cualquier duda lo comentemos con nuestro médico de cabecera para que nos derive inmediatamente al dermatólogo. Y es que como en mi caso, con el carcinoma que sufrí, probablemente se pase por alto y no lo tenemos en cuenta. Lamentablemente, desde la Asociación Española contra el Cáncer estamos viendo el crecimiento paulatino que hay con este tipo de lesiones», manifiesta.

Y es que, como dice Luisa Lobete, «la piel tiene memoria», por lo que también alza la voz para comenzar la prevención desde la infancia, y no solo en verano, sino también en invierno por la cantidad actividades que se hacen al aire libre. «Los niños están todos los días en los patios jugando y hay días con más sol que otros. «Hacemos actividades en la nieve, en el campo de excursiones... Por eso hay que protegerse la piel en las horas centrales del día e hidratarnos adecuadamente, y utilizar protecciones físicas como pueden ser gorros y gafas de sol», recomienda por último.

MITOS Y BULOS

Las palabras de Luisa Lobete se complementan con una de las últimas publicaciones de la AECC en la que se enfocaban en explicar los diferentes bulos y mitos asociados al cáncer de piel. Y es que, en una época en las que redes sociales abundan todo tipo de información sin verificar y personalidades que realizan afirmaciones sin ninguna base científica, conviene hacer caso a la asociación más reputada del país respecto al cáncer.

Por un lado, desde AECC recuerdan que el bronceado es una respuesta al daño solar, concretamente al estrés de recibir radiación UV. En defensa, se genera melanina, que no siempre llega a ofrecer una protección efectiva, especialmente cuando se superan los umbrales. Y ante esa acumulación progresiva, el cáncer de piel puede aparecer.

Frente a la exposición al sol resulta esencial el uso de protectores, sobre los que AECC también se encarga de desmentir falsas afirmaciones atribuidos a su uso y que impiden broncearse. «La realidad es que esta medida de protección frente al sol deja pasar un pequeño porcentaje de la radiación UV proveniente del sol, por lo que la piel puede modificar su coloración incluso utilizando crema solar, sombrero o al ponernos a la sombra», aseguran al respecto.

El callo solar, un término que popularizó recientemente el futbolista Marcos Llorente y que consistiría en una supuesta barreta ‘natural’ generada por la piel tras una exposición gradual y repetida al sol sin protección, lo que prevendría ante la aparición de quemaduras y el desarrollo de cáncer de piel. Pero, de nuevo, la AECC lo desmiente tras recordar que la melanina tiene una capacidad limitada de actuar como factor de protección solar.

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«La evidencia científica deja claro que la exposición solar sin medidas adecuadas conlleva riesgos acumulativos, independientemente de la época del año o las condiciones meteorológicas», trasladan desde la asociación, que aconseja el uso diario de protección solar, evitar exposiciones intensas y proteger la piel con ropa, sombrero y gafas.