Camino de Santiago, pasos de fe y memoria

Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1993, es una de las grandes rutas culturales del continente / En ese viaje, Castilla y León ocupa un lugar privilegiado

Contenido desarrollado para Junta de Castilla y León

Hay caminos que sirven para llegar a un sitio y otros que terminan explicando los lugares por los que pasan. El de Santiago pertenece a los segundos. Durante siglos, millones de pasos han dejado su huella entre montañas, campos de cereal, pueblos, ciudades y viejos puentes. El destino está en Compostela, pero buena parte de la historia sucede antes de alcanzar la plaza del Obradoiro.

El origen de la peregrinación jacobea se remonta al siglo IX, cuando fue descubierto en Galicia un sepulcro que la tradición identificó con el del apóstol Santiago el Mayor. Compostela acabó convirtiéndose en uno de los grandes destinos de peregrinación de la cristiandad medieval, junto con Roma y Jerusalén. Pero aquella corriente de viajeros provocó algo que fue mucho más allá de la fe. Por el Camino comenzaron a circular también conocimientos, estilos artísticos, mercancías, costumbres y noticias. Europa caminaba en las dos direcciones.

Esa capacidad para poner en contacto territorios y personas es precisamente uno de los valores que reconoce la UNESCO. El Camino de Santiago fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en 1993 y su declaración fue ampliada en 2015 para incorporar los Caminos del Norte de España. El bien protegido comprende actualmente el Camino Francés y los caminos Primitivo, de la Costa, Interior del País Vasco-La Rioja y de Liébana. La UNESCO destaca su importancia en el intercambio cultural entre la Península Ibérica y el resto de Europa y el extraordinario patrimonio que fue apareciendo durante siglos al servicio de quienes caminaban hacia Compostela.

Porque el Camino también se construyó para el peregrino

  • Hubo que levantar puentes para cruzar los ríos
  • hospitales para atender al enfermo
  • albergues donde recuperar fuerzas
  • iglesias y monasterios en los que detenerse
  • a su alrededor crecieron poblaciones y prosperaron otras que ya existían.

La UNESCO considera que el itinerario conserva el conjunto material más completo entre las grandes rutas cristianas de peregrinación: edificios religiosos y civiles, pequeños núcleos, hospitales, hospederías y obras de ingeniería que permiten seguir sobre el terreno una historia escrita durante siglos.

CASTILLA Y LEÓN, TIERRA DE PASO

En ese viaje, Castilla y León ocupa un lugar privilegiado. El Camino Francés atraviesa la Comunidad de este a oeste y convierte el recorrido en una sucesión de paisajes y patrimonio. Cerca de 400 kilómetros atraviesan Burgos, Palencia y León antes de que el peregrino alcance Galicia, pero la verdadera dimensión del Camino aparece también en las pequeñas localidades, en las iglesias que sorprenden al caminante, en los puentes, en los antiguos hospitales y en esos pueblos donde la calle principal sigue coincidiendo, siglos después, con la ruta jacobea.

Son kilómetros en los que el Camino se confunde muchas veces con la propia historia de Castilla y León. Entra por Redecilla del Camino, en Burgos, y avanza hacia la capital burgalesa antes de adentrarse en las grandes llanuras de la meseta. Palencia deja al paso del peregrino algunos de los grandes hitos del románico jacobeo, como Frómista o Villalcázar de Sirga, antes de alcanzar Carrión de los Condes. Después llega Sahagún, León, Astorga y, finalmente, El Bierzo, con Villafranca como una de las últimas grandes referencias antes de afrontar la subida hacia Galicia.

Peregrino en el Castillo de los Templarios de Ponferrada (León).

El patrimonio acumulado a lo largo de ese recorrido ayuda a comprender la importancia que tuvo la ruta durante siglos. Monasterios, iglesias, hospitales, puentes y poblaciones enteras crecieron vinculados al tránsito de peregrinos. El románico dejó ejemplos extraordinarios en lugares como Frómista, Carrión de los Condes o Sahagún; el gótico alcanzó algunas de sus mayores expresiones en las catedrales de Burgos y León. El Camino fue también una vía por la que llegaron y se difundieron nuevas formas de construir, pensar y relacionarse.

Pero el mapa jacobeo de Castilla y León es mucho mayor que el Camino Francés. La Comunidad reconoce actualmente dieciséis Caminos a Santiago: diez históricos, cinco tradicionales y el propio Camino Francés. Entre ellos se encuentra el Camino de Madrid, que después de superar la sierra de Guadarrama atraviesa Segovia, Valladolid y León durante más de 240 kilómetros hasta encontrarse con la ruta francesa en Sahagún.

La ruta jacobea se puede atravesar a pedales; en la imagen Montes de Oca (Burgos).

Recorrer el camino es una lección de historia y arte al aire libre. El románico tiene una presencia extraordinaria a lo largo de la ruta, pero con el paso de los siglos fueron incorporándose ejemplos del gótico, el renacimiento y el barroco. Distintos estilos unidos por un mismo camino.

Y está el paisaje. La experiencia cambia casi a cada jornada: montaña, páramos, vegas, campos cultivados y cascos históricos. En Castilla y León hay largos tramos en los que el horizonte parece no terminar nunca. El peregrino camina despacio por un territorio que normalmente atravesaría deprisa. Quizá ahí resida parte del secreto de una ruta que ha sobrevivido a tantas generaciones.

Índice:

  1. Catedral de Burgos
  2. Ciudad de Segovia
  3. Ciudad de Ávila
  4. Ciudad de Salamanca
  5. Camino de Santiago
  6. Las Médulas
  7. Atapuerca
  8. Siega Verde

Información en: www.turismocastillayleon.