El conjunto histórico-artístico de la ciudad de Ávila fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO el 6 de diciembre de 1985, siendo una de las primeras ciudades españolas en pertenecer a esta lista de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultural. La muralla medieval y las iglesias románicas extramuros de San Pedro, San Vicente, San Andrés y San Segundo, son los elementos citados expresamente en la inscripción como repositorios principales de dichos valores, y los que dan nombre a la misma: ‘Ciudad de Ávila y sus Iglesias Extramuros’. La inscripción de 1985, junto con la declaración de Conjunto Histórico, supone un reconocimiento del valor de la ciudad y del estado de conservación de la misma.
En 2007 la UNESCO lo reafirma aprobando una ampliación de la inscripción original que extiende a las iglesias de San Nicolás, Santa María de la Cabeza y San Martín y los conventos de la Encarnación, San José y el Real Monasterio de Santo Tomás. La nueva inscripción incluye, de este modo, no solo elementos medievales sino también del siglo XVI, época de esplendor de la ciudad, suponiendo un avance en comprensión integral de la ciudad.
Convento de La Encarnación
Según el Premio Cervantes, José Jiménez Lozano, hijo de estas tierras, las murallas de Ávila no hay que contemplarlas como paramentos bélicos sino como muros de clausura de una ciudad contada en un cuento como aparecida y llegada de otro tiempo. Y es así.
Construidas a lo largo del siglo XII, son el monumento que mejor identifica a la ciudad y un referente obligado para entender el núcleo urbano. Al contrario de lo que hicieron en muchas urbes a o largo del S XIX derribando sus murallas, en Ávila se mantuvo intacta, tal y como la trazaron los romanos conservando el recinto amurallado mejor conservado del mundo. De planta rectangular, posee cuatro lienzos que miran a los puntos cardinales. Y lo refuerzan 87 torreones o cubos.
Nuestra visita puede realizarse recorriendo sus dos kilómetros y medio de perímetro, sus nueve puertas (del Alcázar, Peso de la Harina, San Vicente, el Mariscal, del Carmen, San Segundo, de la Malaventura, de la Santa o Montenegro, del Rastro) y sus tres poternas. En nuestro paseo aprenderemos que sus muros, de 3 metros de espesor y 14 de altura, se adaptan a la topografía del terreno, que sus lienzos y torres se elevan en las zonas más llanas, y se hacen más pequeños cuando el terreno es más accidentado. Los frisos de esquinillas, las cenefas de ladrillo nos enseñan que en su construcción intervinieron alarifes mudéjares y moriscos. Muros, almenas y cubos nos hablan de las reparaciones y restauraciones que a lo largo de su historia han sido necesarias para su conservación. En su mantenimiento participaron todos los abulenses, al margen de su religión o condición social, así los nobles y caballeros hacían la ronda, los ciudadanos y ‘hombres buenos’ velaban, los campesinos de la tierra traían los materiales necesarios y limpiaban el foso, los musulmanes ponían las manos y los judíos el hierro. Durante nuestra visita descubriremos que en su construcción se emplearon materiales procedentes de tumbas funerarias del antiguo cementerio de aquella época que, se cree, se localizaba en la zona de la Basílica de San Vicente.
En Ávila, como en muchas de las ciudades medievales españolas, convivieron judíos, mudéjares y cristianos; todos ellos dejaron su huella y forman parte de nuestro legado cultural. De ahí que desde el 2005 se integrara en la Red de Juderías Españolas.
La visita por el interior de la ciudad nos llevará por una red irregular de calles estrechas y sinuosas, muchas de las cuales desembocan en plazoletas. Su trazado urbano, típicamente medieval donde destaca, entre otros muchos monumentos, su catedral, la primera de estilo gótico de España construida sobre un templo románico.
La ciudad de los santos y los cantos, como diría Juana la Loca, es conocida por haber sido cuna de Santa Teresa de Ávila, una figura clave que ha marcado la vinculación de la ciudad al misticismo. Su huella está presente en diversos edificios religiosos como el Convento de San José, primera fundación llevada a cabo por Santa Teresa de Jesús, gracias al apoyo del obispo Álvaro de Mendoza.
Iglesia de La Santa, casa natal de Santa Teresa de Jesús
Sus muros son testigo de la historia y escenario de multitud de leyendas populares entre los abulenses, como el del ‘Rey niño’ que narra la firme defensa de la ciudad para que Alfonso VII, hijo de doña Urraca, fuera coronado rey de Castilla en contra de la voluntad de su padrastro. El escudo de la ciudad muestra la leyenda ‘Ávila del Rey’ donde aparece él mismo, de niño, alzado por encima de las murallas. También se reflejan en el blasón los títulos concedidos durante aquellas disputas que derramaron sangre entre los abulenses: De los leales y de los Caballeros.
Ávila es una ciudad para disfrutar en familia, con amigos o en grupo; sólo hay que dejarse llevar por su historia, sus leyendas y recorrer Ávila de una forma dinámica. Su patrimonio justifica la visita pausada, a distintas horas del día y si es posible con la ayuda de un buen guía que nos ayude a comprender la ciudad medieval, la renacentista, incluso la de la recuperación decimonónica.
Índice:
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JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN
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