La precampaña en Castilla y León coge intensidad tras la semana de luto

DANIEL DE LA ROSA Y NURIA RUBIO
PASADA LA MAÑANA de luto por la tragedia ferroviaria de Adamuz, con 45 muertos, y las causas cada vez más claras, la rotura de una vía nueva soldada a una antigua, la carrera electoral entra en su fase preparatoria en Castilla y León. Aunque el foco no recaerá sobre nuestra comunidad hasta después del 8 de febrero, cuando la segunda parada electoral autonómica, tras Extremadura, llega a Aragón. Extremadura y Aragón marcarán en buena medida las expectativas de Castilla y León. Y no desentonarán mucho con los resultados y las encuestas que ya han aparecido. Aunque no se pueden hacer comparaciones entre los comicios extremeños y los de Castilla y León, al menos en la comparación con los anteriores. Extremadura ya lo ha hecho y Aragón lo hará: perpetrar un adelanto electoral. Adelanto que al PP de momento no le ha granjeado nada más que la hecatombe del PSOE conjugada con la explosión de VOX, como seguramente ocurrirá en Aragón. En Castilla y León VOX ya viene de un ciclo hace cuatro años, no dos, donde tuvo una explosión sin precedentes, pasando de 1 a 13 parlamentarios. Mantener esos resultados sería un exitazo en toda regla para los de Abascal, sobre todo después de haber entrado en el gobierno y haberlo abandonado. Es necesario explicarlo para luego no hacer lecturas erróneas ni incorrectas comparando ciclos electorales distintos. El PP se juega seguir creciendo, en el tercer y último reto electoral que afronta Mañueco para su tercer mandato. La mayoría absoluta no es ni una aspiración en las filas populares. Es posible que no lo fuera nunca desde hace mucho tiempo y con el tablero político de Castilla y León más fragmentado que nunca, donde la presencia de tres partidos provincialistas (UPL, Soria Ya y XAvila) convierte el panorama en más complejo todavía para esas mayorías absolutas que están al alcance de muy pocos.
El alcalde y candidato socialista tiene el reto de mantener el tipo tras la herencia de una década de derrotas de Tudanca y un partido sin ambición ni capacidad de ilusionar. Un partido desconectado de la realidad de Castilla y León y que ha vivido encastillado en la endogamia orgánica, con el único interés de exhibirse cada quince días en unas Cortes que causan un desinterés creciente en la ciudadanía. El candidato ha desaprovechado el año que lleva en el cargo para ocuparse y entender Castilla y León y se ha dedicado más a su agenda internacional con la Federación de Municipios y Provincias. Mantener el tipo es no bajar del mínimo histórico que cosechó Tudanca en sus primera urnas, en 2015, con 25 procuradores. La precampaña empieza a coger intensidad.