Es posible ensalzar la tradición con una mirada innovadora y diferencial? José Moro lo consigue en Cepa 21, su proyecto más personal. En pleno corazón de la Ribera del Duero, demuestra que su tierra es la base de todo. Que cuidarla, respetarla y entenderla devuelve los mejores frutos, y esos frutos son capaces de transformarse en vinos con alma, que cuentan historias y que se convierten en la máxima expresión de un territorio que el bodeguero lleva con orgullo allá donde va.
José Moro creció entre viñedos en su pueblo natal, Pesquera de Duero. Toda una vida de aprendizajes al lado de su padre y abuelo le proporcionó el conocimiento. Su profundo arraigo por la tierra, la pasión. Y su propia personalidad forjó ese carácter inconformista e innovador que le caracteriza. Los tres factores unidos construyeron un ADN que hoy traslada a Cepa 21 con un objetivo claro: elaborar vinos que se adapten al nuevo consumidor, más amables, finos, elegantes y disfrutables, pero sin perder de vista sus raíces.
Y es que Cepa 21 no es solo una visión de futuro y un viaje para descubrir vinos que se conviertan en grandes momentos para no olvidar, sino también y, sobre todo, una regresión emocional de José Moro a sus primeros recuerdos en el campo. A esos días entre viñas junto a su padre y su abuelo, donde aprendió a escuchar y comprender los ciclos de la vid como pocos. Y, gracias a todo lo vivido, ahora es capaz de embotellar esa tradición, todas las sensaciones y memorias y convertirlas en vino.
Como él bien sabe, el origen de todo siempre está en el campo que se convierte en la base indiscutible del éxito de este proyecto. Es, sin duda, un compromiso con el presente, pero también con el futuro. Es por ello que José Moro no duda en apostar por innovar desde la raíz para conseguir hacer del suelo un ecosistema vivo que sea el origen de la personalidad de sus vinos.
"La innovación es conocimiento y a mayor conocimiento, menor intervención"
Una máxima que lleva el bodeguero lleva por bandera y que siempre ha defendido. ¿El resultado? un trabajo que parte del conocimiento exhaustivo de los suelos para devolverles exactamente lo que necesitan y permitir que muestren todo su carácter. Estos suelos, más vivos y equilibrados, dan lugar a vinos aún más auténticos, porque nacen de una tierra cuidada según sus propias necesidades.
Y de ahí nace los que José Moro denomina “vinos con alma”, que representan fielmente su propio ADN: respeto absoluto por la tierra, voluntad de innovación y una búsqueda constante de la excelencia. Los cinco vinos elaborados en la bodega son un recorrido por los recuerdos del bodeguero, un viaje emocional en el que la tradición y la modernidad conviven en equilibrio perfecto. Desde el conocimiento del campo y de cada tipo de suelo, la misma variedad, la Tempranillo, expresa matices distintos en cada parcela. Cada una de ellas aporta su carácter único para la creación de un vino diferente.
- Hito Rosado es una actualización contemporánea de los claretes tradicionales. Hito, la expresión más fresca y joven de la Ribera del Duero. Los dos rinden homenaje a las piedras que delimitaban las lindes entre parcelas.
- Cepa 21, un tributo a la personalidad y el carácter de la Ribera en su esencia más pura, también honra el trabajo en el viñedo y a los viticultores que lo hacen posible.
- Malabrigo, elegante, profundo y seductor, conecta con los recuerdos de los inviernos castellanos y con las pausas entre jornadas en el campo de José Moro junto a su padre.
- Horcajo, el vino más premium de la gama, complejo y poderoso, es una reinterpretación de tradiciones ya desaparecidas, como la figura del macho, el caballo que acompañaba al viticultor en sus labores más exigentes.
Y así es como el bodeguero lleva su tierra en cada vino, haciendo crecer su proyecto desde Castrillo de Duero hacia, cada vez, más rincones del mundo. Sus vinos no entienden de fronteras porque hablan un lenguaje universal: el de la sensación, el de la emoción. Una visión que coloca a Cepa 21 y a su creador en la punta de lanza de la diferenciación en el sector.